El día que un grupo de moteros rudos me salvó de mi peor pesadilla
Anteriormente: Lucía buscó refugio en una cafetería de carretera en mitad de una tormenta, sin imaginar que un grupo de moteros se convertiría en su única esperanza contra el hombre que la perseguía.
La confrontación bajo los neones
La puerta de la cafetería se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire frío y lluvia. Tomás entró con paso firme, flanqueado por dos hombres corpulentos. Su rostro reflejaba una furia ciega, la rabia de quien cree que todo le pertenece. Al ver a Lucía oculta tras el muro humano de los moteros, una sonrisa despectiva se dibujó en sus labios.
—¡Sé que estás ahí, Lucía! ¡Sal ahora mismo si no quieres que este antro termine destrozado! —gritó Tomás, ignorando el peligro que representaban los hombres frente a él.
Jairo dio un paso adelante, bloqueando por completo la visión de Tomás. Su presencia era como una roca inamovible en medio de la tormenta.

—Aquí no queremos problemas, amigo. Date la vuelta y sigue tu camino —dijo Jairo con una serenidad pasmosa.
—No te metas en lo que no te importa, viejo. Esa mujer es mía y se viene conmigo por las buenas o por las malas —escupió Tomás con arrogancia, dando un paso al frente.
Los moteros del club se posicionaron estratégicamente, rodeando a los intrusos. El ambiente se volvió tan denso que la respiración de todos parecía resonar en el local. Sintiéndose acorralado pero demasiado orgulloso para retroceder, Tomás cometió una locura. Metió la mano bajo su chaqueta y sacó una pistola semiautomática, apuntando directamente al pecho de Jairo.
El pánico se apoderó de Lucía, quien ahogó un grito detrás del gigante. Sin embargo, Jairo ni siquiera parpadeó ante la amenaza de muerte.
—Cometiste el peor error de tu vida al entrar aquí con eso —susurró Jairo con un tono gélido que hizo dudar a los secuaces de Tomás.
Con una lentitud calculada, Jairo metió la mano dentro de su chaleco de cuero. Tomás apretó el arma con fuerza, creyendo que el motero también iba a desenfundar, desatando una tragedia inminente en la tranquila cafetería de carretera.
”Tomás apretó el arma con fuerza, creyendo que el motero también iba a desenfundar, desatando una tragedia inminente en la tranquila cafet…