El doctor arriesgó su vida para protegerme del látigo de mi despiadado esposo
Anteriormente: Cuando Marcos irrumpió en el hospital armado con un látigo para llevarse a Elena por la fuerza, el doctor Alejandro Torres tomó una decisión que cambiaría sus vidas para siempre. Descubre esta desgarradora historia.
El chantaje de un monstruo
El sonido de las alarmas de seguridad finalmente obligó a Marcos a retroceder, pero no antes de lanzar una última mirada cargada de veneno hacia Elena y el doctor Torres. La policía llegó minutos después, pero el agresor ya se había esfumado en la fría noche madrileña. En la sala de curas, Alejandro limpiaba su propia herida mientras intentaba calmar a una Elena completamente destrozada por la culpa.
—No debió hacerlo, doctor —sollozaba ella, mientras Alejandro le aplicaba un vendaje—. Marcos es un hombre muy poderoso. No se detendrá ante nada. Él destruirá su vida por mi culpa.

—Mi deber es proteger a mis pacientes, Elena. No me importa quién sea su esposo —respondió Alejandro con voz suave pero firme. Sin embargo, la realidad no tardaría en golpear con una fuerza devastadora.
Apenas una hora más tarde, la puerta de la sala de curas se abrió de golpe. El director del hospital, visiblemente pálido y flanqueado por dos abogados de la junta directiva, entró con un fajo de documentos en la mano. Su expresión no auguraba nada bueno.
—Doctor Torres, tenemos una situación catastrófica —declaró el director sin preámbulos—. El señor Marcos acaba de retirar de inmediato toda la financiación para la nueva ala de oncología infantil. Además, ha presentado una querella criminal contra usted por agresión física, alegando que usted retiene a su esposa en contra de su voluntad.
Elena sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Los abogados explicaron con frialdad que la única forma de evitar la quiebra del hospital y la pérdida de la licencia médica de Alejandro era firmar un alta voluntaria inmediata para Elena, permitiendo que su esposo se hiciera cargo de ella.
—Es una decisión difícil, doctor Torres, pero debemos pensar en el bien común y en los cientos de niños que dependen de esa unidad —sentenció el director—. Debe dejar que se la lleve.
Elena miró a Alejandro, con el corazón encogido, esperando el momento en que el valiente médico decidiera salvarse a sí mismo y entregarla a su verdugo.
”Debe dejar que se la lleve.Elena miró a Alejandro, con el corazón encogido, esperando el momento en que el valiente médico decidiera salv…