Venganza · Historia

El estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruir a su acosador

El estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruir a su acosador — Parte 2
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Anteriormente: Tras sufrir años de humillaciones en el instituto a manos de Conrado, Lucas decide que un vaso de refresco por la cabeza es la gota que colma el vaso. Su venganza será implacable.

El secreto bajo el teclado

La amenaza de Lucas no era un farol desesperado. Mientras Conrado se alejaba riendo con sus cómplices, Lucas guardó su portátil con cuidado en la mochila, ignorando las miradas de lástima de los demás estudiantes. Lo que nadie en el instituto San Ignacio sabía era que Lucas no solo pasaba horas programando por diversión. Su madre adoptiva, fallecida un año atrás, había trabajado como contable principal en la constructora del padre de Conrado, Don Alberto.

Antes de morir, ella le había entregado a Lucas un dispositivo USB con una advertencia clara: «Si alguna vez nos pasa algo, o si intentan destruirte, usa esto». El dispositivo contenido las pruebas irrefutables de un desfalco fiscal millonario que involucraba no solo a la empresa de Don Alberto, sino también a la junta directiva del instituto, que había recibido jugosas donaciones a cambio de adjudicaciones públicas fraudulentas.

El estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruir a su acosador

Lucas había pasado meses descifrando y organizando los archivos, esperando el momento adecuado. La humillación de la cafetería fue el detonante definitivo. Esa misma tarde, en lugar de volver a su modesto apartamento, Lucas se dirigió a las imponentes oficinas de la constructora en el centro de la ciudad. Con el uniforme de mensajero que usaba en su trabajo a tiempo parcial, logró burlar la seguridad y llegar hasta la planta presidencial.

Se plantó ante la secretaria de Don Alberto y le entregó un sobre de color pardo con una nota que decía: «Para los ojos de Don Alberto. La verdad sobre las cuentas de 2022». En menos de cinco minutos, el despacho se abrió y un Don Alberto visiblemente pálido y sudoroso apareció en el pasillo. Al ver a Lucas, el parecido con su difunta madre lo hizo comprender todo al instante.

Pasa, muchacho. Hablemos de esto en privado —le suplicó Don Alberto con una voz temblorosa que distaba mucho de su habitual arrogancia corporativa.

Lucas entró al despacho con paso firme. Pero antes de que pudieran iniciar cualquier negociación, el teléfono personal del empresario comenzó a sonar. Al responder, la expresión de Don Alberto pasó de la preocupación al pánico absoluto. La fiscalía acababa de emitir una orden de registro para sus oficinas debido a una denuncia anónima recibida esa misma mañana.

La fiscalía acababa de emitir una orden de registro para sus oficinas debido a una denuncia anónima recibida esa misma mañana.