El desprecio de mis compañeros terminó cuando el general descubrió quién era mi padre
El desafío en el campo de tiro
El viento del norte soplaba con fuerza sobre el campo de tiro de la Academia Militar de San Lorenzo, levantando una fina capa de polvo que dificultaba la visibilidad. Mónica se ajustó la capucha de su sudadera negra, tratando de aislarse del frío y, sobre todo, de las miradas cargadas de desprecio que la rodeaban. Ella no vestía el uniforme reglamentario completo, pues su ingreso aún estaba bajo revisión, lo que la convertía en el blanco perfecto para el acoso de los reclutas más antiguos.
Darío, un soldado de complexión robusta y mandíbula cuadrada, dio un paso al frente liderando las burlas. Con una sonrisa socarrona y los brazos cruzados, se plantó ante ella para que todos escucharan su provocación.

—¡La gente como tú no pertenece aquí! —gritó Darío, desatando las risas cómplices de los demás soldados de la unidad.
Mónica mantuvo la mirada fija en el suelo, tragándose el orgullo. Sabía que cualquier reacción violenta jugaría en su contra. De repente, la atmósfera cambió por completo cuando una figura imponente se situó detrás de ella. Era el general Herrera, un veterano de cabello plateado y mirada de acero, respetado por todo el ejército español.
Desde la torre de control, una voz ronca anunció por el megáfono:
—¡300 metros! ¡Ronda final!
Mónica se acercó a su posición de tiro. Al levantar su fusil, notó que la culata de madera presentaba una grieta profunda, un claro sabotaje. Sin perder la calma, sacó un rollo de cinta aislante negra de su bolsillo y comenzó a vendar el arma con precisión milimétrica. El general Herrera la observaba con el ceño fruncido, intrigado por su calma. Al ver cómo se posicionaba para disparar, el veterano oficial sintió un vuelco en el corazón.
—Espera, ¿dónde aprendió eso? —susurró Herrera para sí mismo, reconociendo una técnica que creía extinta.
Mónica contuvo el aliento y apretó el gatillo. El estruendo del disparo fue seguido por un silencio absoluto mientras el marcador confirmaba un impacto perfecto en el centro del blanco. Al levantarse, una pequeña insignia militar de metal cayó de su bolsillo. El general se apresuró a recogerla, su rostro palideció al ver el escudo grabado. Mirando a Mónica con una mezcla de asombro y nostalgia, preguntó con voz temblorosa:
—¿Lo recuerdas? ¿De dónde has sacado esto?
”Mirando a Mónica con una mezcla de asombro y nostalgia, preguntó con voz temblorosa:—¿Lo recuerdas? ¿De dónde has sacado esto?