El juramento de una capitana para salvar a una mujer de su peor pesadilla
Anteriormente: Emilia pensó que el hospital sería un refugio seguro, pero cuando su agresor burló la seguridad, solo la valentía de la capitana Jésica pudo evitar una tragedia.
Una red de mentiras y poder
Con la respiración agitada y los nudillos doloridos, la capitana Jésica cerró la puerta de la habitación para aislar a Emilia del caos que aún se desarrollaba en el pasillo. Emilia temblaba incontrolablemente bajo las sábanas, sollozando en silencio con las manos cubriéndose el rostro. El dolor físico de su cuello no era nada comparado con el terror psicológico de saber que Sergio estaba dispuesto a todo con tal de silenciarla definitivamente.
Antes de que el equipo médico pudiera entrar para sedar a la paciente, la puerta se abrió de nuevo, pero esta vez no hubo violencia física. Entró don Roberto, el abogado más influyente de la ciudad, contratado por la acaudalada familia de Sergio. Vestía un traje impecable y sostenía un maletín con una frialdad que helaba la sangre de los presentes.

Capitana Jésica, le sugiero que ordene a sus hombres que liberen a mi cliente de inmediato
declaró el abogado con una sonrisa de superioridad técnica.
Lo que acaban de presenciar fue un arrebato de desesperación de un esposo preocupado. Sin embargo, lo que tengo aquí es una orden de arresto contra la señora Emilia por malversación de fondos y tentativa de homicidio premeditado.
Jésica se interpuso físicamente entre el abogado y la cama de Emilia. Su mandíbula estaba tensa, sus ojos inyectados en una mezcla de rabia y absoluto desprecio profesional.
¿De qué demonios está hablando? Ese monstruo casi la mata en la carretera y acaba de agredirla en una instalación médica vigilada
replicó la capitana, midiendo cada palabra.
El abogado sacó un fajo de documentos firmados y un informe pericial manipulado. Alegaban que Emilia había saboteado los frenos del coche de Sergio y que el accidente había sido un intento de acabar con él para quedarse con su fortuna familiar. Además, el abogado miró fijamente la placa de Jésica con tono amenazante, advirtiéndole que su carrera terminaría esa misma tarde si decidía interferir.
”Además, el abogado miró fijamente la placa de Jésica con tono amenazante, advirtiéndole que su carrera terminaría esa misma tarde si deci…