Segundas oportunidades · Historia

El medallón del pasado que unió a dos desconocidos en una noche de tormenta

El medallón del pasado que unió a dos desconocidos en una noche de tormenta — Parte 3
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Un joven hambriento es expulsado sin piedad de una cafetería bajo la lluvia, pero un misterioso motorista encuentra un objeto que lo cambiará todo para siempre.

El ambiente dentro de la cafetería se volvió asfixiante en cuestión de segundos. El hombre del traje, cuyo nombre era Arturo, entró al local con paso firme y una sonrisa gélida. Martín, el guardia de seguridad, se apresuró a abrirle la puerta, demostrando que todo estaba planeado y que él no era más que un peón en su juego de poder. Arturo miró a Lucas con desprecio, el mismo desprecio con el que su guardia lo había tratado minutos antes.

La fuerza de la sangre

Arturo no tenía intención de andarse con rodeos frente a su sobrino desamparado.

El medallón del pasado que unió a dos desconocidos en una noche de tormenta
Vaya, el pequeño bastardo sigue vivo. Firmarás la renuncia a los derechos de las tierras de tu madre ahora mismo, o esta noche será la última que pases en este mundo.

Dijo Arturo, arrojando unos documentos sobre la mesa de formica. Lucas sintió que el pánico lo paralizaba, pero Jace se levantó lentamente, colocándose como un escudo humano entre el joven y los hombres armados.

No va a firmar nada, Arturo. Pensaste que habías borrado todos los rastros, pero cometiste un error. No sabías que yo también tenía una copia del testamento original de nuestro abuelo, registrada ante un notario diferente en Barcelona. Lucas es el único dueño legítimo de todo.

Sentenció Jace con una calma aterradora. Arturo palideció por un instante, pero ordenó a sus guardaespaldas avanzar. Sin embargo, Jace no estaba solo. En ese preciso momento, el rugido de varias motocicletas rompió el silencio de la noche. Una decena de compañeros de la hermandad de Jace rodeó el establecimiento, bloqueando a los hombres de Arturo.

Al verse superado en número y sabiendo que la ley pronto estaría en camino gracias a una llamada silenciosa de Jace, Arturo no tuvo más remedio que retroceder, maldiciendo mientras subía de nuevo a su vehículo para huir antes de que llegara la policía. Jace se giró hacia Lucas, le puso una mano en el hombro y le entregó de nuevo el medallón de plata.

Se acabó el huir, sobrino. Estás a salvo, y a partir de hoy, tienes una familia que te cuidará.

Aquella noche fría, Lucas no solo encontró comida; recuperó su identidad, su legado y, sobre todo, el amor familiar que creía perdido para siempre.

Fin