El militar que derribó mi puerta para salvarme resultó ser mi verdadero padre
Anteriormente: Cuando Lucas me acorraló en el salón entre cajas de mudanza, pensé que sería mi fin. Pero la aparición de un coronel del ejército no solo me salvó la vida, sino que desenterró el mayor secreto de mi familia.
Secretos bajo el uniforme
Con Lucas esposado y custodiado por la policía local que esperaba afuera, el caos del salón dio paso a un silencio sobrecogedor. Alba seguía de rodillas sobre el suelo, frotándose los brazos temblorosos. Eduardo se acercó a ella lentamente, desabrochando el cuello de su uniforme militar para revelar una calidez humana que contrastaba con su imponente presencia. Se arrodilló a su altura, ofreciéndole una mano firme y segura.
"Tranquila, Alba. Estás a salvo. He tardado demasiado en encontrarte, pero ya nadie va a volver a hacerte daño."
Alba lo miró con desconfianza. ¿Cómo sabía su nombre? ¿Por qué un coronel del ejército se había tomado la justicia por su mano en un asunto doméstico? Eduardo, comprendiendo su confusión, metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta militar y extrajo un pequeño objeto envuelto en un pañuelo de seda. Era un viejo reloj de bolsillo de plata, grabado con las iniciales de la madre de Alba, Leonor.

"Tu madre me dio esto antes de que nos separaran. Yo no soy un extraño, Alba. Soy Eduardo, tu padre biológico."
Las palabras cayeron como un jarro de agua fría. Alba se quedó sin aliento. Siempre le habían dicho que su padre había muerto antes de que ella naciera. Pero Eduardo comenzó a desentrañar una historia de conspiración familiar: Leonor había huido para proteger a Alba de la poderosa dinastía de los herederos de la empresa de transporte de su abuelo, quienes querían despojarla de su herencia legítima. Lucas, según reveló Eduardo, no se había cruzado en la vida de Alba por casualidad. Había sido contratado por sus tíos para vigilarla y asegurarse de que nunca reclamara lo que era suyo.
La traición era absoluta. El hombre con el que había compartido su cama era un espía pagado para mantenerla sumisa. Sin embargo, el peligro no había terminado. Mientras Eduardo intentaba guiar a Alba hacia la salida, un coche negro con los cristales tintados frenó en seco frente al portal del edificio, bloqueando su única vía de escape.
”Mientras Eduardo intentaba guiar a Alba hacia la salida, un coche negro con los cristales tintados frenó en seco frente al portal del edi…