El misterio de la cicatriz real que el rey creía enterrada para siempre
Anteriormente: Un joven huérfano se enfrenta a una bestia temible en la arena del reino, pero un secreto grabado en su piel detiene el corazón del monarca y cambia su destino para siempre.
La sombra de la traición
Con un gesto desesperado, el rey Ricardo alzó su mano y ordenó a la guardia real que interviniera de inmediato. Los soldados, fuertemente armados, saltaron a la arena interponiéndose entre Daniel y la colosal bestia gris, logrando ahuyentar a la criatura hacia los túneles con antorchas y lanzas. El murmullo de confusión se extendió rápidamente entre el público, que no comprendía por qué el combate se había detenido.
Daniel fue escoltado de inmediato hacia el estrado real. El viejo rey bajó las escaleras a trompicones, ignorando toda etiqueta palaciega, hasta quedar a pocos centímetros del joven tembloroso. Con dedos temblorosos, Ricardo apartó el trozo de tela rota del cuello de Daniel para inspeccionar de cerca la marca.

No hay duda alguna. Es la quemadura del dragón de plata, la misma que sufrió mi pequeño príncipe antes de que el palacio fuera atacado hace veinte años.
Lucius, que acababa de descender de la arena con el rostro demudado y los ojos inyectados en ira, se interpuso rápidamente entre el monarca y el prisionero.
¡Majestad, os ruego que recuperéis la cordura! Este muchacho es solo un impostor astuto que busca saquear las arcas del reino. Vuestro hijo murió en aquel trágico incendio, yo mismo lo vi perecer.
Las palabras de Lucius sonaban lógicas, pero su urgencia y la palidez de su rostro delataban un pánico profundo. Daniel, confundido por la revelación de su posible origen, recordó las historias que los ancianos de su aldea le contaban sobre la noche del gran incendio del palacio del norte, un ataque perpetrado supuestamente por bandidos, pero que siempre había estado rodeado de sospechas de conspiración interna.
El rey Ricardo, ignorando las protestas de Lucius, ordenó que Daniel fuera trasladado de inmediato a sus aposentos privados para realizar una prueba de linaje con el relicario sagrado de la dinastía. Pero Lucius sabía que, si esa prueba se llevaba a cabo, su propia cabeza rodaría por el suelo del coliseo.
”Pero Lucius sabía que, si esa prueba se llevaba a cabo, su propia cabeza rodaría por el suelo del coliseo.