El misterio del reloj grabado que desenterró una traición oculta en el desierto
El susurro del desierto
El sol del mediodía caía sin piedad sobre el campo de tiro de Tabernas, en Almería. La arena flotaba en el aire, impulsada por un viento seco que hacía crujir las maderas de los parapetos. Helena, una mujer de sesenta años con el cabello gris recogido en una trenza impecable y vistiendo una chaqueta de safari gastada, sostenía un pesado rifle de precisión con una calma que asombraba. A su lado, Martín, un joven tirador de élite vestido con un inmaculado traje blanco de competición, la observaba con una mezcla de superioridad y escepticismo.
No quiero que ese rifle la haga caer hacia atrás, señora.
Helena no se inmutó ante el comentario condescendiente del joven. Con movimientos lentos y precisos, ajustó la mira telescópica de su rifle. Sus dedos, aunque marcados por el paso del tiempo, mostraban una seguridad asombrosa. Acercó el ojo al visor, analizando la oscilación de la vegetación espinosa a lo lejos para calcular la deriva del viento. Sabía que en el desierto, la impaciencia era el peor enemigo del tirador.

El viento dice la verdad si sabes escucharlo.
Susurró para sí misma, en un soplo apenas audible. Con una exhalación controlada, presionó el gatillo. El estruendo del disparo reverberó en las colinas de arcilla del desierto. A trescientos metros de distancia, la bala impactó exactamente en el centro de la diana, destrozando la marca roja. Martín dio un paso atrás, con la boca abierta por el asombro. Arturo, un hombre de mirada dura y traje elegante que observaba desde la sombra, avanzó rápidamente con el rostro desencajado. No era la puntería lo que le había perturbado, sino el destello de un reloj dorado en la muñeca de Helena al bajar el arma. Al acercarse, Arturo vio el reverso de la caja del reloj, donde estaba grabado un ancla marina de la armada.
¿De dónde has sacado ese reloj? No debería existir aquí.
Exigió Arturo, con una voz temblorosa que delataba un pánico profundo que intentaba ocultar desesperadamente.
”No debería existir aquí.Exigió Arturo, con una voz temblorosa que delataba un pánico profundo que intentaba ocultar desesperadamente.