El misterioso parche de lobo que salvó a Mara de una terrible mentira
Anteriormente: Mara creía viajar con su padre, pero un inquietante descubrimiento en un bar de carretera la obligó a confiar en un desconocido con un parche de lobo para salvar su vida.
Secretos del pasado
El nombre de Rosa cayó como una bomba de silencio entre ambos. Silas cerró los ojos un instante, asimilando el dolor de un pasado que creía enterrado. Rosa había sido el amor de su vida, la mujer que tuvo que dejar atrás hace dos décadas para protegerla de los mismos peligros que ahora parecían acechar a su hija. Antes de que pudiera articular palabra, Esteban se plantó frente a ellos, interponiendo su figura y mostrando una sonrisa gélida.
—Mara, se acabó el descanso. Nos vamos ahora mismo —ordenó Esteban, agarrando a la joven del brazo con brusquedad.
Silas se levantó de inmediato. Su imponente estatura eclipsó la luz del bar, colocándose como un muro infranqueable entre Esteban y Mara. Su mano, grande y curtida, apartó el brazo de Esteban con una firmeza implacable.

—La chica se queda conmigo —sentenció Silas, con un tono de voz que no admitía réplica.
Esteban retrocedió un paso, pero no mostró temor. Al contrario, soltó una carcajada seca y metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta beige, extrayendo un fajo de documentos amarillentos y un viejo contrato firmado. Con la otra mano, dejó entrever el cañón de una pistola oculta bajo su ropa.
—No sabes en lo que te metes, Silas —siseó Esteban con desprecio—. Rosa me vendió la custodia de esta niña para pagar sus deudas antes de morir. Tengo los papeles legales. Si te la llevas, te acusaré de secuestro y revelaré a la policía dónde están enterrados los secretos de tu antigua banda.
Mara miró a Silas, aterrorizada. ¿Era cierto que su madre la había vendido? ¿Y qué era esa banda de la que hablaba Esteban? La duda y el dolor amenazaron con romper la frágil confianza que acababa de depositar en el motero. Silas, sin embargo, no flaqueó. Miró los papeles y luego a los ojos de Mara, transmitiéndole una seguridad que ella jamás había sentido con Esteban.
—Esos papeles no valen nada, Esteban, porque Rosa nunca fue la madre biológica de Mara —reveló Silas, desatando una verdad que cambiaría sus vidas para siempre.
”Miró los papeles y luego a los ojos de Mara, transmitiéndole una seguridad que ella jamás había sentido con Esteban.—Esos papeles no vale…