El misterioso protector que salvó a Tobías de su peor pesadilla en la carretera
Anteriormente: Empapado por la lluvia y temblando de miedo, Tobías se refugió en un viejo café de carretera buscando ayuda. No imaginaba que el hombre que lo esperaba allí cambiaría su destino para siempre.
El peso de los pecados del pasado
Tobías, temblando, comenzó a relatar una historia de persecución. Había presenciado un turbio intercambio en los almacenes del puerto seco por parte de los hombres de Don Hugo, el cacique local que controlaba los negocios más oscuros de la región. Al ser descubierto, su única opción había sido huir a través de la tormenta. Mientras el joven hablaba, la puerta del café volvió a abrirse de par en par, revelando a dos hombres corpulentos con gabardinas empapadas. Al frente de ellos estaba Raúl, el lugarteniente de Don Hugo, cuya mirada sádica se fijó de inmediato en Tobías.
—Vaya, vaya, mira lo que nos hemos encontrado aquí. El ratoncillo ha buscado un escondite —dijo Raúl con una sonrisa burlona, avanzando hacia la mesa.
Sin embargo, al acercarse, la mirada de Raúl se cruzó con la de Leo. El matón se detuvo en seco, y su sonrisa se desvaneció por completo. Reconoció de inmediato al hombre de la chaqueta de cuero. Leo no era un desconocido; años atrás, había sido el azote de la organización criminal de Don Hugo antes de retirarse abruptamente del cuerpo de policía.

—Da un paso atrás, Raúl. Este chico está bajo mi protección —advirtió Leo, levantándose lentamente y mostrando una imponente presencia física que hizo retroceder al matón.
La tensión en el café se volvió insoportable. En ese momento, un tercer hombre entró al establecimiento. Era el mismísimo Don Hugo, un hombre de cabellos canosos y elegancia fría. Al ver a Leo, soltó una carcajada cargada de veneno y desprecio.
—¿Protegiendo al chico, Leo? Qué ironía —siseó Don Hugo—. ¿Ya le has confesado quién eres en realidad, o vas a dejar que muera sin saber que el hombre que lo abandonó en un orfanato para salvar su propia piel está hoy frente a él?
Tobías miró a Leo con los ojos abiertos de par en par, sintiendo cómo el suelo bajo sus pies se desmoronaba ante aquella devastadora revelación.
”¿Ya le has confesado quién eres en realidad, o vas a dejar que muera sin saber que el hombre que lo abandonó en un orfanato para salvar s…