Segundas oportunidades · Historia

El motero misterioso que me salvó cuando huía sin mirar atrás

El motero misterioso que me salvó cuando huía sin mirar atrás — Parte 1
Imagen del vídeo original

Un encuentro bajo la tormenta

El frío otoñal calaba hasta los huesos en aquel desolado aparcamiento junto al antiguo colegio de ladrillo visto. Ainhoa caminaba de prisa, con el gorro gris calado hasta las cejas y los hombros encogidos dentro de su chaqueta granate. Cada paso sobre el hormigón mojado resonaba como un eco de su propia desesperación. Había escapado de la gran mansión de su tío con poco más que lo puesto y una carpeta de documentos robados que pesaba más que su propia vida. El miedo a ser alcanzada la hacía mirar constantemente hacia atrás, con una vacilación nerviosa que delataba su vulnerabilidad.

De repente, el silencio de la tarde gris fue quebrado por el ronco y coordinado rugido de varios motores. Un grupo de moteros emergió de la niebla, deteniendo sus pesadas máquinas en un semicírculo perfecto a pocos metros de ella. Ainhoa se detuvo en seco, sintiendo que el corazón le daba un vuelco. El pánico la paralizó por completo. ¿Eran matones enviados para devolverla a su jaula?

El motero misterioso que me salvó cuando huía sin mirar atrás

El líder del grupo, un hombre robusto de barba canosa y chaleco vaquero oscuro llamado Tristán, apagó su motocicleta con parsimonia. Al levantar la visera de su casco, su mirada firme pero extrañamente pacífica se cruzó con los ojos aterrorizados de la joven. Con una voz gruesa que transmitía una desconcertante seguridad en medio de la tormenta, habló:

Parece que no tienes claro adónde vas. Quizá podamos indicarte el camino correcto.

Ainhoa dudó un segundo que pareció eterno. El agua de la lluvia resbalaba por sus mejillas, mezclándose con lágrimas silenciosas. Miró hacia la carretera vacía por la que venía y luego al imponente motorista que le ofreció una alternativa. Sin decir una palabra, asintió levemente y se subió detrás de él, buscando un refugio que su propia familia le había negado.

Sin decir una palabra, asintió levemente y se subió detrás de él, buscando un refugio que su propia familia le había negado.