El niño que entró en mi bar escondía un secreto de mi pasado
Anteriormente: Cuando un niño aterrorizado entró en el bar de Weston con una moneda de oro y un nombre del pasado, el rudo motero supo que su vida cambiaría para siempre.
El asedio al santuario
Los cerrojos de hierro del bar se cerraron justo a tiempo. Segundos después, el rugido de varios motores potentes anunció la llegada del peligro. Tres todoterrenos negros frenaron en seco frente al local, levantando una densa nube de polvo. De los vehículos descendieron hombres armados, con rostros curtidos y chaquetas de cuero negro. Al frente de ellos caminaba Mateo, un antiguo socio de la banda que Weston prefería olvidar.
Weston llevó rápidamente a Iván a la oficina trasera, ordenándole que se escondiera debajo del pesado escritorio de roble. El teléfono del local comenzó a sonar con un timbre estridente. Weston contestó, manteniendo la calma que solo los años de peligro le habían otorgado.

—Sabemos que el hijo de Juan está ahí dentro, Weston —dijo la voz sibilante de Mateo—. Entréganos al chico y la llave que lleva consigo, y nos iremos sin derramar sangre. No querrás que este viejo bar arda contigo dentro.
—Juan murió hace diez años, Mateo. Aquí no hay ninguna llave —mintió Weston, apretando los dientes.
—Juan está muy vivo, pero no por mucho tiempo si no cooperas —rio Mateo—. Lo tenemos en un viejo almacén en los muelles. El chico escapó con la moneda que abre la caja fuerte de la antigua organización. Entréganos al mocoso o tu amigo morirá hoy mismo.
El dilema era insoportable. Si entregaba a Iván, condenaba al hijo de su hermano de armas. Si se negaba, desataría una guerra que destruiría su pacífica vida y probablemente costaría la vida de Juan. Weston miró la moneda de oro sobre la mesa. No era solo un adorno; contenía un microchip grabado con las coordenadas de la caja fuerte.
Tomando una decisión desesperada, Weston abrió la puerta trasera para enfrentarse a Mateo cara a cara, mostrándole la moneda desde la distancia.
—Hagamos un trato, Mateo —propuso Weston, saliendo al callejón con los brazos en alto—. Yo tengo la moneda y sé cómo usarla. Deja libre a Juan y te daré lo que buscas. Pero si tocas al niño, destruiré el chip ahora mismo y nadie se quedará con el botín.
Mateo sonrió con malicia, apuntándole con su arma. El aire se llenó de una tensión insoportable mientras los hombres de Mateo rodeaban el callejón, listos para disparar al menor movimiento de Weston.
”El aire se llenó de una tensión insoportable mientras los hombres de Mateo rodeaban el callejón, listos para disparar al menor movimiento…