Secretos de familia · Historia

El parche de lobo que me salvó de un hombre que decía ser mi padre

El parche de lobo que me salvó de un hombre que decía ser mi padre — Parte 2
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Anteriormente: Tess huye de un hombre peligroso que finge ser su padre. En un bar de carretera, un misterioso motero con un parche de lobo resulta ser la única persona que puede salvarla.

Secretos desenterrados y una vieja cuenta pendiente

El nombre de Rosa actuó como un detonador en la mente de Bruce. Aquel gigante que parecía inmune a cualquier peligro sintió cómo el pasado lo golpeaba con la fuerza de un camión sin frenos. Rosa había sido el gran amor de su vida, la mujer a la que juró proteger antes de que las circunstancias y un terrible malentendido los separaran hacía casi dos décadas. Ver a su hija allí, desamparada y aterrorizada, encendió un fuego de furia en su interior.

Borja se acercó a la cabina con paso lento pero decidido. Su mirada se desvió de Tess a Bruce, y una mueca de reconocimiento torció sus labios. Borja no era un desconocido para Bruce; era el hombre que había trabajado para las mafias locales de la zona y que siempre había codiciado las tierras de la familia de Rosa.

El parche de lobo que me salvó de un hombre que decía ser mi padre
—Vaya, vaya. Pero si es el viejo Bruce —dijo Borja, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta gris—. No sabía que todavía frecuentaras estos antros. Devuélveme a la chica. Tenemos un viaje largo que hacer.
—Ella no va a ninguna parte contigo, sabandija —respondió Bruce, levantándose lentamente. Su enorme estatura eclipsaba por completo a Borja, pero el delincuente no pareció intimidarse.

En su lugar, Borja sacó con calma un fajo de documentos notariales amarillentos y un colgante de oro con forma de lágrima. El colgante pertenecía a Rosa. Tess ahogó un grito al reconocerlo.

—Si me pasa algo, o si la policía interviene, estos papeles irán directos al juzgado —amenazó Borja con una sonrisa sibilina—. Aquí está la firma de Rosa cediéndome la custodia de la niña y el negocio familiar. Y si intentas pasarte de listo, Bruce, le contaré a todo el mundo lo que hiciste aquella noche en el muelle. No querrás volver a la cárcel, ¿verdad?

El silencio se apoderó de la cafetería. Bruce apretó los puños con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El chantaje era perfecto. Borja tenía las de ganar legalmente, y el pasado judicial de Bruce lo convertía en el culpable perfecto ante cualquier acusación de secuestro o agresión.

Borja tenía las de ganar legalmente, y el pasado judicial de Bruce lo convertía en el culpable perfecto ante cualquier acusación de secue…