El regreso de la soldado que todos creían muerta desata una tormenta familiar
Anteriormente: Elena regresó de su misión militar armada con una carpeta de pruebas que cambiaría la vida de su esposo para siempre. En las montañas de Asturias, la verdad finalmente saldrá a la luz.
La verdad sobre la mesa
Elena avanzó con paso firme y dejó caer la carpeta sobre la mesa exterior de madera rústica. El golpe seco resonó en el valle como un disparo. Manuel miró el objeto con repugnancia, como si se tratara de una serpiente venenosa dispuesta a morderle.
—Aquí están las pruebas, Manuel —dijo Elena, con una voz gélida que contrastaba con la calidez de la tarde—. Los registros de la cuenta en el extranjero, los correos electrónicos con el intermediario y las coordenadas exactas de mi unidad que vendiste al mejor postor por dos millones de euros.

Manuel intentó recuperar la compostura. Una risa nerviosa y forzada escapó de su garganta mientras intentaba desesperadamente buscar una salida a la situación.
Estás loca, Elena. Nadie va a creer las acusaciones de una militar que ha estado escondida y que legalmente ni siquiera existe. Esto es mi propiedad ahora.
—¿Tu propiedad? —replicó ella, dando un paso hacia él—. Esta cabaña perteneció a mi familia mucho antes de que tú aparecieras con tus falsas promesas. Pensaste que la montaña ocultaría tu codicia, pero te equivocaste. Sobreviví a la emboscada, Manuel. Y no he venido sola.
Como si hubieran estado esperando la señal, dos figuras uniformadas salieron de la espesura de los pinos que rodeaban la propiedad. Eran compañeros de armas de Elena, hombres que habían perdido a amigos cercanos en aquella fatídica misión. Al verlos, el rostro de Manuel se desfiguró por el pánico. Sabía que su coartada se había desmoronado por completo.
Desesperado, Manuel metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta de forro polar. Elena se tensó, preparándose para lo peor, esperando que sacara un arma de fuego. Sin embargo, lo que Manuel extrajo fue un pequeño dispositivo detonador. Con el dedo apoyado sobre el botón rojo, miró a Elena con una mueca de pura maldad.
Si caigo yo, nos vamos todos juntos. Esta cabaña está conectada a tres tanques de propano en el sótano. Da un paso más y volaremos en mil pedazos.
”Da un paso más y volaremos en mil pedazos.