El regreso del soldado que salvó a su abuela de una traición imperdonable
Anteriormente: Alejandro Mendoza, un sargento del ejército español, regresa a la finca familiar para descubrir que su hermana Celia maltrata despiadadamente a su abuela Edita por una codiciosa herencia.
La conspiración descubierta
Alejandro ignoró las miradas cargadas de veneno de su hermana y se arrodilló rápidamente para auxiliar a su abuela. Con infinita ternura, levantó el frágil cuerpo de Edita y la acomodó de nuevo en su silla de ruedas, asegurándose de que no tuviera heridas graves. Fue en ese instante cuando el sonido de un motor interrumpió el tenso ambiente. Un sedán negro se detuvo frente a las escaleras y de él descendió Don Roberto, el astuto abogado de la familia.
Celia se levantó del suelo, sacudiéndose el vestido gris con una sonrisa de triunfante malicia. Se colocó al lado del abogado, quien sostenía una carpeta de cuero con evidente soberbia. La trampa estaba tendida.

Es inútil que intentes jugar al héroe, sargento. Tu hermana tiene un poder notarial firmado por tu abuela que le otorga el control absoluto de esta propiedad. Mañana mismo seréis desalojados de aquí.
Alejandro apretó los puños, conteniendo la rabia que amenazaba con hacerle perder el control. Edita, con lágrimas en los ojos, tiró de la manga del uniforme de su nieto y le susurró con voz trémula:
Hijo, yo jamás firmé ese documento voluntariamente. Me obligaron a hacerlo bajo amenazas médicas.
Consciente de que la violencia no resolvería este dilema legal, Alejandro llevó a su abuela al interior de la casona, cerrando la puerta en las narices de los conspiradores. Una vez a salvo en el despacho, la anciana guio a Alejandro hacia un cajón secreto oculto bajo el doble fondo del escritorio de madera de roble. Allí descansaba una carpeta azul que contenía el verdadero secreto de la familia Mendoza.
”Allí descansaba una carpeta azul que contenía el verdadero secreto de la familia Mendoza.