Traición · Ficción breve

El regreso inesperado de un soldado que salvó a su abuela de una cruel traición

El regreso inesperado de un soldado que salvó a su abuela de una cruel traición — Parte 1
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El sargento Mateo de la Vega caminaba por el sendero empedrado que conducía a la histórica mansión familiar en las afueras de Toledo. Vestido con su uniforme militar multicam, cargaba con el peso físico de meses de misión en el extranjero, pero su mente solo albergaba la ilusión de abrazar a su abuela Florencia. Sin embargo, un silencio sepulcral rodeaba la propiedad, roto únicamente por un murmullo tenso que provenía de los jardines traseros.

Al doblar la esquina del gran patio de piedra, Mateo se detuvo en seco. Su cuñada Nerea, una mujer de cabello rubio platino que siempre había fingido una dulzura impecable, mostraba ahora un rostro desfigurado por la ira. Llevaba un elegante vestido de color ciruela, un contraste grotesco con la escena que estaba a punto de desencadenarse. Frente a ella, postrada en su silla de ruedas y vistiendo un sencillo vestido floral, se encontraba la anciana Florencia, temblando de pavor.

El regreso inesperado de un soldado que salvó a su abuela de una cruel traición

Una agresión imperdonable

Sin mediar palabra razonable, Nerea se abalanzó sobre la anciana. Con una violencia inusitada, la tomó del cabello, tirando de ella con fuerza desmedida mientras le exigía que firmara unos documentos de cesión de propiedades. La anciana, debilitada por los años y la enfermedad, solo pudo emitir un quejido desgarrador.

¡Ah, para, por favor!

Pero la crueldad de Nerea no tenía límites. Con un empujón despiadado, volcó la pesada silla de ruedas, haciendo que Florencia cayera pesadamente sobre el pavimento del jardín. Al ver a su abuela desamparada en el suelo, el instinto de combate de Mateo se activó al instante. Una furia ciega recorrió sus venas.

¡Monstruo!

El grito de Mateo retumbó en las paredes de piedra de la finca. Corriendo a una velocidad increíble, el soldado se lanzó sobre la agresora. Nerea apenas tuvo tiempo de levantar la vista antes de ser tacleada con fuerza contra el césped.

¡No! ¡Suéltame!

Ignorando sus gritos de protesta, Mateo la inmovilizó y descargó toda la rabia contenida por la injusticia. Pisoteando el suelo junto a ella para amedrentarla y sometiéndola con la firmeza de un guerrero, exclamó con voz de trueno:

¡Esto es por ella!

Pisoteando el suelo junto a ella para amedrentarla y sometiéndola con la firmeza de un guerrero, exclamó con voz de trueno:¡Esto es por e…