El regreso del soldado que descubrió la peor traición en su propia casa
El sol de la tarde se filtraba de manera imponente a través de los vitrales de la gran mansión colonial de Sevilla, dibujando sombras alargadas sobre el suelo de mármol pulido. Alejandro, un joven marine de veintidós años recién regresado de una dura misión en el extranjero, caminaba hacia la entrada con el corazón rebosante de emoción. Vestía su uniforme de gala azul, impecable y rígido, y en su mano derecha sostenía un fresco ramo de lirios blancos. Quería que su regreso fuera una sorpresa inolvidable para su abuela Mercedes, la mujer que lo había criado, y para Beatriz, su hermosa prometida de cabello rubio fresa.
Un regreso empañado por la violencia
Sin embargo, al empujar la pesada puerta de madera del vestíbulo, un escalofrío recorrió su columna vertebral. El silencio sagrado de la casa señorial fue quebrado por un grito agudo, aterrorizado y lleno de dolor físico que reconoció al instante.

¡Por favor! ¡Para! ¡Te lo ruego!
La voz pertenecía a Doña Mercedes. Alejandro avanzó rápidamente hacia el vestíbulo principal, donde la majestuosa escalera de caoba dominaba el espacio. Lo que vio congeló la sangre en sus venas. Beatriz, vistiendo un deslumbrante vestido de noche rojo escarlata, estaba de pie sobre el cuerpo indefenso de la anciana. Con una frialdad espeluznante, Beatriz pisoteaba repetidamente a Doña Mercedes, quien yacía en el suelo con su humilde cárdigan beige, tratando inútilmente de protegerse el rostro con sus manos temblorosas.
El ramo de lirios blancos resbaló de los dedos entumecidos de Alejandro, esparciéndose sobre el mármol. La incredulidad dio paso instintivamente a una furia ciega y protectora. Sin dudarlo un segundo, el joven marine corrió hacia la agresora. Con la agilidad y fuerza de su entrenamiento militar, se impulsó en el aire y ejecutó una espectacular patada voladora que impactó de lleno en el pecho de Beatriz. El golpe fue devastador; el cuerpo de la mujer salió despedido hacia atrás, chocando contra la barandilla de caoba de la escalera, la cual se astilló y colapsó en una lluvia de escombros de madera. Beatriz quedó tendida entre los restos, derrotada, mientras Alejandro se arrodillaba para proteger a su abuela.
”Beatriz quedó tendida entre los restos, derrotada, mientras Alejandro se arrodillaba para proteger a su abuela.