Venganza · Historia

El secreto de la campeona que regresó para vengar el legado de su padre

El secreto de la campeona que regresó para vengar el legado de su padre — Parte 2
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Anteriormente: Claudia soportó burlas en el campeonato nacional de tiro, pero cuando apretó el gatillo y reveló un antiguo símbolo familiar, el pasado oscuro de su rival Jacobo salió a la luz.

La sombra de la traición

En los pasillos traseros del complejo deportivo, el pánico comenzó a extenderse como la pólvora. Gonzalo y Jacobo se reunieron de urgencia en una de las oficinas privadas de la federación. Gonzalo caminaba de un lado a otro, frotándose las manos sudorosas. Aquel patrón de tiro digitalizado no era una coincidencia; era la firma de Mateo Valenzuela, el hombre al que ambos habían destruido cinco años atrás para usurpar su lugar en el equipo olímpico.

—Te dije que debíamos asegurarnos de que ese viejo no dejara nada —siseó Gonzalo, con la voz quebrada—. Si alguien descubre que falsificamos las pruebas de dopaje para suspenderlo, iremos a prisión.
—Cállate, Gonzalo. Es solo una mocosa intentando asustarnos —respondió Jacobo, aunque su propia voz delataba el miedo—. Ella no tiene pruebas de nada. Solo sabe disparar como él.

Decidido a frenarla, Jacobo interceptó a Claudia cerca de los vestuarios. La acorraló contra la pared, tratando de imponer su imponente físico de atleta consagrado. Pero la joven no retrocedió ni un milímetro.

El secreto de la campeona que regresó para vengar el legado de su padre
—Escúchame bien, preciosa —amenazó Jacobo en un susurro—. No sé qué pretendes con este numerito del pasado, pero si intentas ensuciar mi nombre en la final, me encargaré de que nunca vuelvas a tocar un arma en este país.

Claudia sonrió con una calma que desarmó por completo al campeón. Abrió lentamente su mochila y sacó una pequeña carpeta de cuero desgastado. Era el diario de entrenamiento de su padre, pero entre las páginas sobresalían copias de extractos bancarios que vinculaban directamente a Jacobo con las cuentas personales de Gonzalo en la víspera de la descalificación de Mateo.

—No vengo a ensuciar tu nombre, Jacobo —dijo ella con voz firme—. Vengo a limpiar el de mi padre. Y estas copias ya están en manos de los inspectores de la federación internacional.

Y estas copias ya están en manos de los inspectores de la federación internacional.