Secretos de familia · Historia

El secreto del juez: la marca en mi muñeca que desenterró el pasado

El secreto del juez: la marca en mi muñeca que desenterró el pasado — Parte 1
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El regreso de las sombras

El aire del campo de tiro subterráneo en las afueras de Madrid estaba impregnado de un penetrante olor a pólvora y metal frío. Natalia, con su cabello castaño perfectamente recogido en un moño tenso, ajustaba los cierres de sus guantes tácticos con una parsimonia que rozaba la frialdad absoluta. A sus veintiocho años, sus ojos reflejaban una determinación inquebrantable, la de alguien que ha dejado atrás cualquier atisbo de duda.

A pocos metros de ella, el instructor del recinto la observaba con una mezcla de escepticismo y respeto. Al ver la precisión del arma que sostenía, no pudo evitar romper el silencio.

El secreto del juez: la marca en mi muñeca que desenterró el pasado
—Esta no es una clase para principiantes, señorita —advirtió, cruzándose de brazos.

Natalia no se molestó en responderle con palabras. Simplemente apretó la correa de su guante con fuerza, manteniendo la mirada fija en el objetivo al final de la pista. En la cabina de observación, protegida por un grueso cristal blindado, se encontraba el juez Ricardo. Vestido con un impecable traje azul marino, el magistrado observaba la escena con una curiosidad condescendiente, ajeno al peligro que se cernía sobre él.

De repente, una voz metálica anunció por los altavoces de la sala:

—El desafío final empieza ahora.

Con un movimiento fluido y letal, Natalia levantó su rifle. El sonido de las detonaciones consecutivas retumbó en las paredes de hormigón, un eco violento que hizo que el instructor diera un paso atrás. Cada bala impactó con precisión quirúrgica en el centro de la diana. Al bajar el arma, Natalia se retiró el sudor de la frente, dejando al descubierto su muñeca izquierda. Allí, marcada en su piel, brillaba una pequeña estrella negra.

Al otro lado del cristal, el juez Ricardo se quedó paralizado. Su rostro perdió todo color y sus manos comenzaron a temblar visiblemente mientras se acercaba al vidrio.

—Esa marca... No puede ser —susurró con horror.

Su rostro perdió todo color y sus manos comenzaron a temblar visiblemente mientras se acercaba al vidrio.—Esa marca... No puede ser —susu…