El secreto del parche de lobo que salvó a Sara de un extraño
Anteriormente: Huyendo de un hombre que decía ser su padre, Sara encuentra un extraño parche de lobo en una cafetería de carretera que cambiará su destino para siempre.
La confrontación bajo las luces de neón
Antes de que el motero pudiera asimilar la revelación, una sombra pesada se proyectó sobre la mesa. Julián estaba de pie junto a ellos, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de pana y una sonrisa falsa que no llegaba a sus ojos inyectados en sangre.
—¿Estás bien, Sara? —preguntó Julián, con un tono falsamente paternal que escondía una amenaza letal—. Te he dicho muchas veces que no molestes a los desconocidos. Vámonos, el coche está listo.
El motero, cuyo nombre era Rodrigo, se levantó lentamente. Su imponente figura de casi dos metros hizo que Julián tuviera que dar un paso atrás. La atmósfera en la pequeña cafetería se volvió eléctrica. El camarero detuvo el secado de los vasos, intuyendo el peligro.

—La chica se queda conmigo —dijo Rodrigo, su voz resonando como el trueno en la llanura castellana.
—No te metas en lo que no te importa, motero —siseó Julián, perdiendo la fachada de amabilidad. Sacó una navaja automática del bolsillo; el chasquido de la hoja de acero al abrirse cortó el aire—. Esta cría me pertenece. Su madre nos dejó una deuda muy grande antes de desaparecer, y ella es mi única garantía de cobro.
Rodrigo ni siquiera parpadeó ante la amenaza del arma. Al contrario, una fría determinación se apoderó de sus facciones. Dio un paso al frente, interponiéndose por completo entre Julián y la aterrorizada Sara.
—Has cometido el peor error de tu miserable vida al tocar a la hija de Rosa —susurró Rodrigo con desprecio—. No tienes idea de a quién te estás enfrentando.
Julián, desesperado y acorralado por la imperturbable calma del gigante, se abalanzó con la navaja en alto, dispuesto a abrirse camino a la fuerza.
”No tienes idea de a quién te estás enfrentando.Julián, desesperado y acorralado por la imperturbable calma del gigante, se abalanzó con l…