El tatuaje de mi pasado me condenó, pero mi mayor enemigo me salvó
Anteriormente: Cuando Elia mostró el tatuaje de la calavera alada en aquel bar de carretera, supe que su vida corría peligro. Pero la reacción del motero más peligroso lo cambió todo.
La Huida bajo la Tormenta
El rugido del motor de la motocicleta de Ryder rompió el silencio de la noche mientras se alejaban a toda velocidad por la carretera nacional mojada. Elia se aferraba a su espalda, sintiendo cómo el frío y el agua helada le golpeaban el rostro, pero el miedo en su pecho era mucho más intenso que cualquier tormenta. Detrás de ellos, las luces de los perseguidores comenzaron a dibujarse en la distancia. Hugo no se iba a rendir tan fácilmente.
Ryder desvió la moto hacia una antigua gasolinera abandonada, oculta tras una hilera de pinos que los protegía temporalmente de la vista de la carretera. Al detenerse, Elia se bajó de inmediato, temblando de frío y desconfianza, lista para correr si era necesario.

—¿Por qué me estás ayudando? —le gritó Elia, con la voz entrecortada por las lágrimas—. ¡Tú eres uno de ellos! ¡Deberías haberme entregado!
Ryder se quitó el casco, revelando una mirada llena de una seriedad dolorosa. Se acercó a ella despacio, para no asustarla, y sacó del bolsillo un pequeño colgante de plata que Elia reconoció al instante.
—No te ayudo a ti por capricho, Elia. Se lo prometí a tu hermano Lucas antes de que lo asesinaran —reveló Ryder con voz grave—. Él descubrió que tu padrastro planeaba incriminarte en todos sus negocios para salvarse. Lucas me hizo jurar que te protegería.
Elia sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. Su hermano no había muerto en un accidente, como le habían hecho creer. Antes de que pudiera procesar la terrible verdad, Ryder le entregó una pequeña llave de latón y le habló con rapidez, al escuchar el eco de los motores acercándose.
—Si las cosas salen mal, ve a la vieja cabaña de tu abuelo en Segovia. Detrás de la chimenea hay una caja. Esa llave la abre. Allí está la verdad sobre tu madre. Ella nunca te abandonó, Elia... Ella está viva.
En ese instante, tres motocicletas irrumpieron en la gasolinera, iluminándolos con sus potentes faros y acorralándolos contra la pared de hormigón.
”Ella está viva.En ese instante, tres motocicletas irrumpieron en la gasolinera, iluminándolos con sus potentes faros y acorralándolos con…