Secretos de familia · Historia

El secreto del yeso roto: la verdad que ocultaba mi abuelo

El secreto del yeso roto: la verdad que ocultaba mi abuelo — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Leo rompió el yeso de su abuelo con una piedra, no esperaba descubrir que estaba sano. Pero el verdadero peligro se ocultaba dentro de la escayola.

Una red de espionaje familiar

El silencio que siguió a la pregunta del doctor Tomás fue absoluto. Arturo se cubrió el rostro con ambas manos, dejando escapar un sollozo que parecía brotar de lo más profundo de su alma. Ya no había espacio para las mentiras. La pierna sana y el misterioso dispositivo electrónico hablaban por sí solos.

—Es un micrófono transmisor —confesó Arturo con la voz rota por el llanto—. Pero no lo puse yo. Fue Carlos.

El secreto del yeso roto: la verdad que ocultaba mi abuelo

Leo sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar el nombre de su tío. Carlos, el ambicioso esposo de su tía Carmen, había estado presionando durante semanas para que Arturo firmara un poder notarial absoluto sobre los bienes familiares. El anciano explicó que su supuesto accidente automovilístico de hace dos meses no había sido un error de cálculo, sino un atentado provocado por Carlos para dejarlo incapacitado.

—Fingí que la fractura era real y permití que un enfermero cómplice de Carlos me colocara este yeso —explicó Arturo—. Sabía que si descubrían que estaba sano, me harían algo peor. Usaron la escayola para esconder este dispositivo y vigilar cada una de mis palabras. Estaba atrapado en mi propio cuerpo.

El doctor Tomás escuchaba con horror, apretando el pequeño aparato en su puño. La clínica, que debía ser un lugar de curación, se había convertido en una prisión de alta tecnología para el anciano. Justo cuando Leo se disponía a abrazar a su abuelo, el sonido de unos pasos firmes y rápidos resonó en el pasillo.

A través del cristal de la puerta de la habitación 402, divisaron la silueta inconfundible de Carlos, acompañado por dos hombres de aspecto intimidante vestidos con trajes oscuros. La trampa se estaba cerrando sobre ellos, y el tiempo para actuar se había agotado por completo.

La trampa se estaba cerrando sobre ellos, y el tiempo para actuar se había agotado por completo.