El secreto que casi destruye a mi familia en el pasillo de un hospital
Anteriormente: Una terrible acusación en mitad del hospital pone en peligro la vida de Clara y su bebé, desatando una red de mentiras familiares de la que nadie saldrá ileso.
Mientras Clara seguía temblando en los brazos de Diego, Irene soltó una risotada histérica que heló la sangre de los presentes. Con un gesto dramático, sacó un sobre de color marrón de su bolso y lo arrojó con desprecio a los pies de su hermano.
¿La defiendes, Diego? Eres un necio. Abre ese sobre y mira con quién se acuesta tu perfecta esposa mientras tú trabajas como un esclavoescupió Irene, con una sonrisa de triunfo malvado en los labios.
La sombra de la duda
Diego miró el sobre en el suelo y luego a Clara, cuyos ojos suplicaban confianza. Sin embargo, la semilla de la duda es un veneno rápido. Con mano temblorosa, Diego recogió el sobre y extrajo varias fotografías. En ellas se veía claramente a Clara en un parque madrileño, abrazando afectuosamente a un hombre alto y de cabello castaño, el mismo hombre con el que se la había visto salir de un hotel semanas atrás. La cara de Diego se descompuso; la confusión y el dolor reemplazaron la rabia que sentía hacia su hermana.

Clara sintió que el mundo se derrumbaba. Intentó hablar, pero un dolor agudo y punzante en el bajo vientre le cortó la respiración. Un grito de agonía escapó de sus labios. La enfermera, saliendo de su estupor, gritó pidiendo una camilla de urgencia.
¡Está en trabajo de parto prematuro! ¡Hay que llevarla a quirófano ya!exclamó la sanitaria. Mientras los celadores subían a Clara a la camilla, Diego se quedó de pie, paralizado, sosteniendo las fotos que parecían destrozar su matrimonio.
Irene aprovechó el caos para seguir sembrando cizaña, asegurando que el hijo que Clara esperaba ni siquiera era de Diego. En la sala de urgencias, el ritmo cardíaco del bebé comenzó a descender peligrosamente. En ese momento crítico, un médico de guardia entró corriendo para asistir la cesárea de emergencia. Diego, que había seguido la camilla hasta la puerta del quirófano, se topó de frente con el médico. Al ver su rostro, se le congeló la sangre: era el mismo hombre de las fotografías.
”Al ver su rostro, se le congeló la sangre: era el mismo hombre de las fotografías.