Traición · Historia

El secreto que mi mejor amiga intentó enterrar empujándome al vacío aquella noche

El secreto que mi mejor amiga intentó enterrar empujándome al vacío aquella noche — Parte 2
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Anteriormente: Lo que comenzó como una elegante gala en Madrid terminó en un intento de asesinato. Clara descubrirá que la codicia de su mejor amiga no tiene límites, ni siquiera el vacío.

El milagro entre las sombras

Sonia se acomodó el cabello, respirando agitadamente pero con una chispa de triunfo en sus ojos oscuros. Se volvió hacia los invitados aterrorizados, que se agrupaban junto a las mesas de la terraza, inmóviles por el impacto de lo que acababan de presenciar. Fingiendo un llanto desgarrador, Sonia se llevó las manos a la cabeza, comenzando a tejer su mentira. Les aseguró que Clara había perdido el control debido al alcohol y que, en un ataque de locura, se había arrojado al vacío, arrastrando a Mateo en su desesperación.

Pero mientras Sonia representaba la actuación de su vida, a pocos metros de distancia, un milagro silencioso ocurría en la oscuridad del abismo. Clara no había caído al asfalto. Sus dedos, ensangrentados y entumecidos por el frío, se habían aferrado con una fuerza sobrehumana a una tubería metálica de desagüe que corría bajo la cornisa del edificio. Cada segundo era una tortura, el metal resbalaba y el vacío reclamaba su cuerpo, pero el deseo de justicia la mantuvo firme.

El secreto que mi mejor amiga intentó enterrar empujándome al vacío aquella noche

Con un esfuerzo que desafiaba las leyes de la física, Clara logró apoyar su pie en una pequeña saliente decorativa. Despacio, impulsada por la pura adrenalina, comenzó a escalar de regreso. Mientras tanto, Mateo recobraba el conocimiento con dificultad, escuchando las mentiras de Sonia.

«¡Mientes! ¡Tú la empujaste!», logró balbucear Mateo antes de que Sonia lo amenazara con un susurro gélido.

Justo cuando Sonia se disponía a llamar a la policía para consolidar su coartada, una figura empapada y herida emergió del borde de la terraza. Clara se puso en pie, con el vestido rosa destrozado y el rostro cubierto de lluvia y sangre. El silencio que cayó sobre la azotea fue sepulcral. Sonia se giró lentamente y su rostro se desfiguró de horror al ver que su víctima había regresado de la muerte.

Sonia se giró lentamente y su rostro se desfiguró de horror al ver que su víctima había regresado de la muerte.