El secreto que mi padre intentó enterrar en mi propia fiesta de compromiso
Anteriormente: Cuando un misterioso joven irrumpió en mi lujosa fiesta de compromiso, mi padre intentó silenciarlo a toda costa, sin imaginar que la verdad saldría a la luz esa misma noche.
Aprovechando la confusión generada entre los invitados, que intentaban disimular el escándalo retomando sus conversaciones a trompicones, Alicia se soltó con brusquedad del agarre de su padre. Ignorando las llamadas de Eduardo, corrió hacia el jardín trasero de la mansión. La lluvia de la noche madrileña comenzaba a caer con fuerza, empapando su costoso vestido blanco, pero a ella no le importaba. Necesitaba respuestas que su padre claramente se negaba a darle.
La verdad bajo la lluvia
Al llegar cerca de las verjas de la entrada, encontró a los guardias reteniendo a Óscar contra el suelo húmedo. Con una autoridad que ni ella misma sabía que poseía, Alicia ordenó que lo soltaran. Los guardias, desconcertados por la firmeza de la joven, obedecieron y dieron un paso atrás. Óscar quedó de rodillas, respirando con dificultad, con la mirada fija en la joven que representaba todo lo que a él le habían arrebatado.
—¿Quién eres y de qué estás hablando? —le exigió Alicia, con la voz quebrada por la mezcla de frío y terror.
Tu padre no es el santo que todos creen —respondió Óscar, escupiendo un hilo de sangre—. Hace diez años, mi hermano trabajaba como chófer para tu familia. Él no murió en un simple accidente de tráfico junto a tu madre. A él lo obligaron a sabotear los frenos de ese coche.
Las palabras cayeron como un mazazo sobre Alicia. Su madre, la mujer cuya ausencia aún le dolía cada día, ¿había sido asesinada? Óscar continuó, revelando que su hermano había guardado grabaciones telefónicas donde Eduardo amenazaba con destruir a su familia si no cumplía con el encargo. Antes de que Alicia pudiera procesar la atrocidad de la revelación, los pasos apresurados de Eduardo y su abogado resonaron sobre la grava del jardín, acompañados por la fría mirada de un hombre acorralado que ya no tenía nada que perder.
”Óscar quedó de rodillas, respirando con dificultad, con la mirada fija en la joven que representaba todo lo que a él le habían arrebatado.