Salvando a mi hermana del ataúd descubrí la peor traición de nuestra familia
Anteriormente: Cuando Clara irrumpió en el funeral de su hermana Elena armada con un hacha, todos pensaron que había enloquecido. Pero detrás de ese ataúd cerrado se escondía un macabro plan familiar.
La máscara del monstruo
El olor a pólvora inundó el aire estéril del tanatorio, reemplazando el aroma de las flores fúnebres. Roberto sostenía el arma con mano firme, su rostro desprovisto de toda la falsa compasión que había mostrado horas antes. Los invitados huían despavoridos por las puertas dobles, dejando la sala prácticamente vacía, excepto por Clara, su madre Mariana y el cuerpo tembloroso dentro del ataúd roto.
—Da un paso atrás, Clara —advirtió Roberto con una voz gélida—. No me obligues a cometer una locura mayor. Estás sufriendo un ataque de histeria y estás profanando el cuerpo de tu hermana.
—¡No es histeria! —replicó Clara, manteniéndose firme frente al cañón del arma—. ¡Mírale las manos! ¡Elena se está moviendo!

A través de la madera astillada, la mano de Elena buscaba desesperadamente una salida. Mariana, al ver los dedos de su hija menor moverse, soltó un grito de puro terror y revelación. Cayó de rodillas, mirando a su esposo con incredulidad.
—Roberto... ¿qué has hecho? —sollozó Mariana—. Tú me dijiste que el médico del hospital privado había confirmado su muerte cerebral. ¡Me dijiste que no había nada que hacer!
La verdad comenzó a desmoronarse rápidamente. Clara, utilizando sus conocimientos médicos, comprendió de inmediato lo que había sucedido. Elena no había sufrido un colapso natural; había sido inducida a un estado de catalepsia mediante una sobredosis de fármacos específicos, los mismos a los que Roberto tenía acceso por sus negocios farmacéuticos. Todo era un plan maestro para cobrar el millonario seguro de vida que el padre biológico de Elena le había dejado, una suma que Roberto necesitaba desesperadamente para cubrir sus deudas de juego y evitar la cárcel.
—Ella iba a despertar bajo tierra, Roberto —dijo Clara, con la voz temblando de rabia—. La ibas a enterrar viva solo por dinero.
Roberto, viéndose acorralado por la evidencia y por la mirada acusadora de su propia esposa, apretó el gatillo dispuesto a silenciar a Clara de una vez por todas.
”La ibas a enterrar viva solo por dinero.Roberto, viéndose acorralado por la evidencia y por la mirada acusadora de su propia esposa, apre…