La brutal agresión de su esposo en la clínica reveló un oscuro secreto familiar
Anteriormente: Un momento de felicidad en la clínica de maternidad se convierte en pesadilla cuando Ana descubre la monstruosa verdad detrás del éxito de su esposo Alberto.
La caída de la máscara
Ignorando el cansancio del parto, Ana dejó con sumo cuidado a la pequeña Sofía en su cuna y salió al pasillo a toda prisa. Su corazón latía con una violencia ensordecedora. Al llegar al lugar de los hechos, se arrodilló de inmediato junto a la anciana, quien intentaba en vano recoger las manzanas con manos temblorosas y sucias por el trabajo del campo.
—¿Se encuentra bien? Por favor, no se mueva —suplicó Ana, sintiendo una profunda vergüenza ajena—. Alberto, ¿pero qué clase de monstruo eres? ¿Cómo has podido hacerle esto a una pobre mujer?

Alberto, recuperando rápidamente su compostura de hombre de negocios calculador, intentó tomar a Ana del brazo para apartarla.
No te dejes engañar, Ana. Es solo una indigente demente que se coló en el área privada para robar. Solo me estaba defendiendo. ¡Seguridad, saquen a esta mujer de aquí!
Sin embargo, la anciana, con lágrimas corriendo por sus mejillas arrugadas, miró fijamente a Alberto y pronunció unas palabras que congelaron el aire del pasillo.
¿Indigente? Alberto... soy tu madre. ¿Cómo puedes negarme ante tu esposa y tu hija?
Ana sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Alberto siempre le había asegurado que sus padres eran aristócratas que habían fallecido en un accidente de coche en Francia hacía más de una década. Pero la verdad era mucho más oscura.
Francisca, la anciana, reveló entre sollozos que Alberto la había despojado de las escrituras de su modesta casa en Galicia y de sus ahorros de toda la vida para financiar su ficticia vida de lujo en la capital y así impresionar a la adinerada familia de Ana. Al verse acorralado y expuesto, la mirada de Alberto se tornó sombría. Se inclinó hacia Ana y le susurró una amenaza que heló su sangre:
Si le cuentas esto a tu padre, te quitaré a la niña. Tengo los mejores abogados y tú no eres más que una ingenua. Te arruinaré la vida entera.
”Tengo los mejores abogados y tú no eres más que una ingenua. Te arruinaré la vida entera.