Traición · Historia

El día que di a luz, mi esposo y su amante intentaron destruirme

El día que di a luz, mi esposo y su amante intentaron destruirme — Parte 1
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La tormenta en el pasillo de maternidad

El aroma a desinfectante y las luces fluorescentes del hospital de Madrid hacían que todo pareciera irreal. Ana se aferraba a su bata de hospital de color verde menta, sintiendo cómo una nueva contracción le desgarraba el vientre. Sin embargo, el dolor físico no era nada comparado con la agonía que sentía en el pecho. A solo unos metros de ella, Mateo, su esposo de los últimos cinco años, permanecía impasible con su traje azul pizarra, observándola como si fuera una desconocida.

A su lado estaba Celia, luciendo un vestido coral que brillaba bajo la luz artificial. No había rastro de compasión en sus ojos, solo un odio profundo y acumulado durante años de envidia silenciosa.

El día que di a luz, mi esposo y su amante intentaron destruirme
—No te mereces nada de lo que tienes, Ana. Ni a Mateo, ni a ese hijo que llevas dentro —siseó Celia, dando un paso amenazante hacia ella.

Ana cayó de rodillas sobre el frío suelo del pasillo, incapaz de sostenerse. Lloraba desconsoladamente, suplicando con la mirada a Mateo que interviniera, pero él solo se apoyó contra la pared con una indiferencia que congelaba la sangre. Fue en ese instante de absoluta vulnerabilidad cuando Celia se abalanzó sobre ella, dispuesta a causarle un daño irreparable.

Justo antes de que las manos de Celia alcanzaran a la indefensa mujer, una figura se interpuso con determinación. El doctor Gregorio, un respetado obstetra del hospital, bloqueó el ataque con firmeza. Con un fuerte gemido de esfuerzo, el médico sujetó los brazos de la agresora y, con un movimiento rápido, la empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo del pasillo.

—¡Fuera de mi hospital ahora mismo! —rugió el doctor Gregorio, protegiendo a Ana con su propio cuerpo mientras el personal de enfermería corría horrorizado a socorrerla.

Mateo ayudó a Celia a levantarse, y tras lanzar una última mirada de desprecio a su esposa embarazada, ambos se alejaron, dejando tras de sí una estela de humillación y dolor.

—rugió el doctor Gregorio, protegiendo a Ana con su propio cuerpo mientras el personal de enfermería corría horrorizado a socorrerla.Mate…