La foto arrugada que reveló el oscuro secreto detrás de la desaparición de Lucía
Anteriormente: Mateo encuentra una fotografía arrugada en la cocina de su hermana que desata una angustiosa búsqueda contrarreloj, revelando un secreto familiar que alguien intentó enterrar para siempre.
La confrontación bajo la lluvia
Carlos entró en la cocina con paso firme, dejando un rastro de agua y lodo a su paso. Su mirada, usualmente tranquila y calculadora, se transformó al instante en que vio la fotografía arrugada que yo intentaba ocultar inútilmente en mi puño. Vi cómo sus mandíbulas se tensaban y cómo sus ojos se entornaban con una hostilidad que nunca antes le había conocido. No era el cuñado preocupado que me había llamado por teléfono; era un hombre acorralado.
—¿Qué estás haciendo aquí, Mateo? —preguntó con una voz sospechosamente calmada—. Te dije que yo me encargaría de buscarla. Vete a casa.

—¿Qué le has hecho a mi hermana, Carlos? —le espeté, dando un paso al frente a pesar del pánico que amenazaba con paralizarme—. Tu camioneta está afuera, tus botas están cubiertas de barro fresco y tienes un arañazo enorme en el cuello. ¡Dime dónde está Lucía!
Carlos no respondió con palabras. Con un gruñido salvaje, se abalanzó sobre mí. Forcejeamos en el estrecho espacio de la cocina. La taza de café que estaba sobre la encimera cayó al suelo, estallando en mil pedazos. Logré zafarme de su agarre propinándole un codazo en el pecho, lo que me dio los segundos necesarios para salir corriendo por la puerta trasera hacia la tormenta. Subí a mi coche y arranqué a toda velocidad, sabiendo exactamente adónde la habría llevado: la vieja cabaña abandonada de su familia en el espeso bosque de las afueras.
La persecución fue un infierno. Los faros de su camioneta aparecieron detrás de mí, embistiéndome repetidas veces sobre el asfalto mojado. Al entrar en el camino de tierra del bosque, perdí el control del vehículo y choqué contra un grueso roble. Con el coche inutilizado, corrí desesperadamente entre la maleza húmeda guiado por los quejidos distantes que provenían de la cabaña. Al llegar a la puerta encadenada, escuché la voz debilitada de mi hermana desde el interior. Pero antes de que pudiera actuar, Carlos me derribó por la espalda, levantando una pesada barra de hierro sobre mi cabeza.
”Pero antes de que pudiera actuar, Carlos me derribó por la espalda, levantando una pesada barra de hierro sobre mi cabeza.