Traición · Historia

Fui traicionada por mi propia sangre, pero el fango de la prisión me salvó

Fui traicionada por mi propia sangre, pero el fango de la prisión me salvó — Parte 1
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El precio de la supervivencia

El sol de justicia de la tarde caía implacable sobre el patio de recreo de la prisión de alta seguridad de Soto del Real. El polvo en suspensión se mezclaba con el olor a óxido y desesperación que flotaba en el ambiente. Clara, con su cabello rubio recogido en una coleta desaliñada, mantenía los ojos fijos en la tierra batida mientras realizaba su quincuagésima flexión de brazos. Cada músculo de su cuerpo atlético protestaba por el esfuerzo físico, pero el dolor era su único refugio contra los recuerdos de la traición de su hermana Alicia, quien la había incriminado en un fraude financiero multimillonario para salvar su propio pellejo.

De repente, una sombra corpulenta se proyectó sobre ella. Antes de que pudiera reaccionar, un torrente de agua sucia y jabonosa cayó directamente sobre su espalda, empapándola por completo. Clara se detuvo en seco, con las manos apoyadas en el lodo que acababa de formarse bajo su cuerpo. Al levantar la vista, se encontró con la mirada desafiante de Begoña, la reclusa más temida del módulo, una mujer de complexión robusta y cabello rapado al ras que controlaba la ley no escrita del penal.

Fui traicionada por mi propia sangre, pero el fango de la prisión me salvó
Te daré tres movimientos de ventaja. Aguanta los tres y este sitio será tuyo.

Las palabras de Begoña resonaron con eco en el patio, atrayendo de inmediato la atención del resto de las presas, que formaron un círculo compacto ansiosas de presenciar una carnicería. Clara se puso en pie lentamente, sacudiéndose el lodo de las manos. Sabía que no podía mostrar debilidad. Begoña lanzó un derechazo brutal directo a su rostro. Con reflejos felinos, Clara se agachó esquivando el puño por milímetros y contraatacó con un golpe preciso en la mandíbula de su oponente.

—¡Dale una paliza!— gritaron varias voces entre la multitud entusiasmada.

Begoña, furiosa al verse alcanzada, se lanzó sobre ella como un animal herido, rodeando el cuello de Clara con sus brazos curtidos. El aire comenzó a faltarle a la joven, pero manteniendo la calma, Clara flexionó la pierna y propinó un rodillazo fulminante en el estómago de Begoña. La líder de las presas se dobló de dolor, cayendo de rodillas sobre el fango ante el asombro de todos. A lo lejos, la guardiana jefa observaba el desenlace en silencio, con una misteriosa expresión de aprobación en su rostro frío.

A lo lejos, la guardiana jefa observaba el desenlace en silencio, con una misteriosa expresión de aprobación en su rostro frío.