Mi propia hermana me encerró en prisión, pero el destino nos reunió tras las rejas
La tensión en el patio
El sol de mediodía caía sin piedad sobre la cancha de baloncesto del centro penitenciario. Para Sara, aquel calor abrasador era solo un elemento más del paisaje hostil que se había visto obligada a llamar hogar durante los últimos tres años. Con su uniforme azul oscuro y su larga trenza morena cayéndole sobre los hombros, Sara se apoyaba contra la valla metálica, observando el horizonte con una calma que pocos lograban mantener en un lugar como ese. Sin embargo, esa tranquilidad estaba a punto de romperse.
Desde el otro extremo del patio, Dolores comenzó a avanzar. Con su imponente figura, vestida con una camiseta de tirantes blanca y pantalones azules, se abría paso entre la multitud como un titán en su territorio. El murmullo de las demás reclusas cesó de inmediato, reemplazado por una expectación morbosa. Todos sabían que un enfrentamiento con Dolores rara vez terminaba bien para su oponente.

—No seas tímida, enséñales lo que sabes hacer. ¡Dale una paliza! ¡Vamos, Dolores! —gritó una de las reclusas desde el fondo, encendiendo la mecha del conflicto.
Dolores cargó con furia, acortando la distancia en un segundo y empujando a Sara con violencia contra la rejilla metálica. El impacto resonó en todo el patio, pero Sara apenas parpadeó. Utilizando la fuerza del propio impulso de su atacante, Sara esquivó el siguiente golpe, sujetó el brazo de Dolores con firmeza y, en un movimiento rápido y coordinado, la giró sobre su propio eje. Con un golpe seco y certero, Dolores terminó derribada sobre el áspero suelo de hormigón.
La gigantesca reclusa quedó tendida, inmóvil y sin aliento, derrotada ante los ojos de un público que no daba crédito a lo que acababa de presenciar. Sara, sin pronunciar una sola palabra, recogió tranquilamente su balón de baloncesto y dio un paso atrás, demostrando que la verdadera fuerza no residía en el tamaño, sino en la determinación.
”Sara, sin pronunciar una sola palabra, recogió tranquilamente su balón de baloncesto y dio un paso atrás, demostrando que la verdadera fu…