Mi hermanastra ocupó la casa de mi abuelo, pero la policía descubrió la verdad
Anteriormente: Cuando Clara regresó a la casa de campo de su difunto abuelo, descubrió que su hermanastra Elena se había instalado allí ilegalmente. La llegada de la policía desató un enfrentamiento familiar lleno de secretos oscuros.
El secreto bajo las tablas del suelo
La policía obligó a Elena a permitir el acceso a la propiedad para verificar la situación. Clara entró con paso firme, sintiendo el peso de la nostalgia al cruzar el umbral. Sin embargo, el ambiente cálido de su infancia había sido reemplazado por un desorden caótico y un olor a humedad que provenía del pasillo trasero.
Elena caminaba al lado de los agentes con una sonrisa nerviosa pero desafiante. Sabía algo que Clara ignoraba. Al llegar a la puerta del sótano, Clara notó que el candado antiguo de latón que su abuelo siempre mantenía cerrado bajo llave había sido forzado recientemente.

—¿Qué habéis hecho aquí abajo? —preguntó Clara, señalando la puerta entreabierta.
—¿Por qué no bajas y lo descubres tú misma, hermanita? Al fin y al cabo, ahora todo esto es "tuyo" —respondió Elena con ironía.
Acompañada por el sargento de policía, Clara descendió las crujientes escaleras de madera. La luz de las linternas cortó la oscuridad del sótano, revelando cajas de almacenamiento apiladas que no recordaba haber visto jamás. Al retirar una lona gris, el corazón de Clara se detuvo.
No eran herramientas ni trastos viejos. Eran cajas de seguridad metálicas que contenían fajos de billetes de curso legal y carpetas con membretes de bancos extranjeros. Junto a las cajas, reposaba una carta escrita con la caligrafía temblorosa de su abuelo, dirigida específicamente a ella.
Don Manuel no era el modesto carpintero jubilado que toda la familia creía. Ocultaba una fortuna de procedencia dudosa, y Elena lo había descubierto gracias a una filtración de su propio padre. Elena miró a Clara con ojos llenos de codicia, consciente del poder que ahora tenía.
—Si la policía investiga el origen de este dinero, el nombre de tu querido abuelo quedará manchado para siempre —susurró Elena al oído de Clara—. O nos repartimos el pastel, o destruyo su memoria hoy mismo.
”O nos repartimos el pastel, o destruyo su memoria hoy mismo.