Me humillaron en prisión para silenciarme, pero una aliada inesperada cambió las reglas
Anteriormente: Estela pensó que su vida en prisión terminaría en tragedia bajo el acoso de Begoña, hasta que un brutal enfrentamiento en el patio reveló una verdad oculta que lo cambiaría todo.
La última carta por jugar
El filo del metal presionaba la piel de Estela, quien cerró los ojos esperando el golpe final. Sin embargo, un estruendo metálico resonó en el pasillo de las duchas. María, que había logrado burlar el cierre de su celda utilizando una llave de paso que había sustraído a un fontanero días atrás, irrumpió en el recinto como un torbellino. No hubo espacio para las amenazas. María se abalanzó sobre Begoña con una ferocidad renovada, desarmándola en un abrir y cerrar de ojos tras un breve pero intenso forcejeo sobre el suelo mojado.
El estilete cayó al desagüe con un tintineo metálico. Begoña, reducida y dolorida en el suelo, miró a ambas con odio puro. En ese instante, las luces del penal se encendieron de golpe, pero no fueron los guardias habituales quienes entraron al sector. Al frente del contingente marchaba la inspectora de Asuntos Internos, escoltada por agentes de la policía nacional fuertemente armados.

María sonrió con frialdad mientras ayudaba a Estela a levantarse del suelo. Resultó que María no solo buscaba venganza personal, sino que había estado trabajando en coordinación con las autoridades judiciales exteriores desde el primer día. El altercado del patio y el posterior intento de robo del microchip habían sido la trampa perfecta para capturar en flagrante delito tanto a Begoña como al alcaide corrupto que facilitó el apagón.
Con las pruebas del microchip finalmente a salvo y entregadas directamente a la inspectora, el caso contra el político se cerró en cuestión de semanas. Estela y María obtuvieron la libertad condicional inmediata por su inestimable colaboración con la justicia, dejando atrás las sombras del presidio. Al cruzar las puertas de Cruz del Sur tomadas de la mano, Estela comprendió que incluso en el rincón más oscuro y hostil del mundo, la verdadera lealtad y el deseo de justicia pueden derribar cualquier muro.
Al final, la justicia no siempre llega de la mano de la ley, sino del valor inquebrantable de quienes deciden no callar ante la opresión.


