Venganza · Historia

La humillaron en una boutique exclusiva sin imaginar que ella era la dueña absoluta

La humillaron en una boutique exclusiva sin imaginar que ella era la dueña absoluta — Parte 2
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Anteriormente: Beatriz solo quería revisar discretamente su nueva adquisición, pero la prometida de su exmarido decidió humillarla públicamente. Lo que Claudia no sabía era con quién se estaba metiendo realmente.

Claudia no tardó en reaccionar. El shock inicial se transformó rápidamente en una rabia ciega que la impulsó a seguir a Beatriz hasta la acera de la transitada calle madrileña. Los transeúntes observaban con curiosidad a la mujer del vestido esmeralda que gritaba descontrolada detrás de una figura que caminaba con absoluta distinción.

El colapso de una ilusión

—¡Esto es un montaje barato! —chilló Claudia, agarrando a Beatriz del brazo—. ¿Quién te crees que eres? Alberto es el hombre más poderoso de este sector y va a destruirte por haber montado este numerito en mi tienda favorita. ¡Voy a llamarlo ahora mismo!

Beatriz se soltó del agarre con un movimiento limpio y firme. Se dio la vuelta lentamente y, con una sonrisa enigmática, asintió con la cabeza.

La humillaron en una boutique exclusiva sin imaginar que ella era la dueña absoluta
—Adelante, Claudia. Llámalo. Pon el altavoz para que todos podamos escuchar cómo tu maravilloso prometido te rescata de esta humillación —dijo Beatriz con un tono de voz que denotaba una seguridad absoluta.

Con las manos temblorosas de ira, Claudia marcó el número de Alberto y activó el altavoz. Sin embargo, lo que se escuchó al otro lado de la línea no fue la voz segura y protectora de un magnate, sino el tono quebrado y desesperado de un hombre al borde del abismo financiero.

—¡Claudia, no me llames ahora! —bramó Alberto, con la respiración agitada—. Acaban de bloquear todas mis tarjetas corporativas. El banco me ha cancelado la línea de crédito y la constructora está bajo una auditoría forense ordenada por el nuevo socio mayoritario. ¡Estoy arruinado! ¿Me escuchas? ¡Arruinado!

El teléfono se deslizó de las manos de Claudia, golpeando el suelo. La realidad la golpeó con la fuerza de un huracán. La boutique, el estatus, la boda de ensueño... todo se estaba desmoronando en cuestión de segundos. Beatriz dio un paso hacia ella, mirándola con una mezcla de lástima y frialdad.

—Ese "nuevo socio mayoritario" soy yo, Claudia —susurró Beatriz, lo suficientemente cerca para que solo ella la escuchara—. Compré la deuda de Alberto esta mañana. Pero eso no es lo peor que le va a pasar hoy.

Pero eso no es lo peor que le va a pasar hoy.