Venganza · Historia

Humilló a su ex llamándolo ladrón sin saber quién era el verdadero dueño

Humilló a su ex llamándolo ladrón sin saber quién era el verdadero dueño — Parte 2
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Anteriormente: Victoria pensó que Serrano seguía siendo el humilde empleado al que podía pisotear. Cuando lo acusó de robar un Rolls-Royce frente a la alta sociedad, la verdad la dejó sin palabras.

La verdad sale a la luz

El murmullo de los invitados crecía como una marea incómoda. Victoria mantenía la barbilla en alto, esperando ver a Serrano rogar por clemencia o intentar escapar. Pero él permanecía inmóvil, con las manos en los bolsillos de su traje de diseñador, observando la escena como si fuera un mero espectador de su propio drama.

La conmoción atrajo rápidamente la atención de Don Alejandro Aldama, el patriarca de la familia, quien salió al jardín para indagar sobre el origen del escándalo. Al ver a la seguridad rodeando el Rolls-Royce, se abrió paso entre la multitud con aire autoritario.

Humilló a su ex llamándolo ladrón sin saber quién era el verdadero dueño
—¿Qué significa este desorden en mi propiedad? —demandó Don Alejandro, con la voz firme pero cargada de tensión.
—Papá, es Serrano —explicó Victoria con una sonrisa triunfante—. El muerto de hambre que echamos hace años ha vuelto para robarnos. Está reclamando este coche como suyo. Dile a los guardias que lo entreguen a la policía de inmediato.

Don Alejandro se volvió hacia el supuesto ladrón. Sin embargo, al cruzar la mirada con Serrano, la autoridad de su rostro se desvaneció por completo. Su piel adquirió un tono grisáceo y sus labios comenzaron a temblar. El hombre fuerte de los negocios parecía estar viendo a un fantasma.

—¿Serrano...? —susurró Don Alejandro, dando un paso atrás—. No puede ser...

Victoria miró a su padre, confundida por su reacción. La seguridad aguardaba órdenes, pero Don Alejandro parecía incapaz de hablar. Con mano temblorosa, sacó su teléfono móvil, donde minutos antes había recibido la confirmación del nuevo dueño mayoritario de su empresa holding, el inversor misterioso que había comprado su deuda para salvarlos de la ruina absoluta.

En la pantalla del teléfono, junto al nombre de la corporación adquirente, aparecía la fotografía del hombre que ahora estaba frente a ellos, sonriendo con fría educación.

—Señor Aldama —dijo Serrano con voz clara—. Veo que ya ha recibido la notificación de mi fondo de inversión.

Veo que ya ha recibido la notificación de mi fondo de inversión.