La joven indefensa que pidió ayuda a un motero rudo para salvar su vida
Anteriormente: Lucía huía desesperada bajo una tormenta implacable cuando entró en aquel bar de carretera. Al tocar el hombro de Jairo, un imponente motero, su vida cambió para siempre.
La sombra del pasado
La puerta del bar de carretera se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire helado y gotas de lluvia que salpicaron el suelo de madera. Manuel entró con paso firme, destilando una arrogancia que contrastaba con la sencillez del lugar. Detrás de él, dos hombres corpulentos vigilaban la entrada, con las manos ocultas bajo sus chaquetas impermeables, sugiriendo la presencia de armas. Manuel localizó rápidamente a Lucía, que se encogía detrás de la imponente espalda de Jairo.
Lucía, se acabó el juego. Sal de ahí ahora mismo y vuelve a casa
dijo Manuel con una sonrisa fría y calculadora. Jairo dio un paso al frente, bloqueando por completo la visión de Manuel y cruzando sus brazos cubiertos de tatuajes.

La chica está bajo nuestra protección. Da media vuelta y vete por donde has venido
respondió Jairo con una voz que hizo vibrar los vasos de la barra. Manuel soltó una carcajada despectiva y sacó de su bolsillo interior un grueso fajo de billetes de alta denominación, arrojándolo sobre una mesa cercana.
Cien mil euros en efectivo. Es más de lo que este antro recauda en diez años. Entregadme a la chica y podréis compraros motos nuevas. No os metáis en los asuntos de mi familia
ofreció Manuel, confiando en que el dinero rompería cualquier lealtad. El silencio que siguió fue sepulcral. Lucía sintió que el corazón se le detenía cuando vio a Hugo dar un paso hacia la mesa donde reposaba el dinero. El pánico la invadió al pensar que aquellos rudos moteros la venderían al hombre del que tanto había huido. Hugo extendió la mano hacia los billetes, pero en lugar de tomarlos, los escupió y los barrió con desprecio hacia el suelo. Jairo sonrió levemente y miró a Manuel con desdén, dejando claro que el honor de su club no tenía precio.
”Jairo sonrió levemente y miró a Manuel con desdén, dejando claro que el honor de su club no tenía precio.