Una joven inocente sobrevive al infierno de la cárcel gracias a una inesperada protectora
Anteriormente: Claudia pensó que su vida había terminado al entrar en prisión por un delito que no cometió, pero un violento encuentro en el patio cambió su destino para siempre.
Un secreto devastador
La protección de Blanco parecía un milagro, pero en la prisión nada es gratuito. Esa misma noche, el sonido metálico de los barrotes de la celda de Claudia anunció una visita inesperada. Era Sara, quien sostenía una carta arrugada entre sus dedos. Su rostro reflejaba una malicia triunfal que heló la sangre de la joven.
—¿Crees que tu salvadora es un ángel de la guarda, bonita? —susurró Sara con veneno—. Blanco no sabe quién eres en realidad. Pero cuando lea esta carta de tu querida hermana Sofía, las cosas van a cambiar.
Claudia sintió que el mundo se derrumbaba. La carta detallaba el atraco por el cual ella estaba pagando una condena ajena. Pero el verdadero horror residía en el pasado: en su huida, Sofía había provocado el accidente de tráfico que dejó a la hermana pequeña de Blanco en una silla de ruedas de por vida. Blanco se había entregado para encontrar a los culpables, y ahora tenía a la hermana de su peor enemiga justo delante.

—Si no me entregas tu ración de comida y tu dinero de economato durante todo el año, le daré esta carta mañana en el comedor —amenazó Sara—. Veamos si Blanco te sigue protegiendo cuando sepa que eres la hermana del monstruo que destruyó a su familia.
La noche fue un tormento de dudas para Claudia. Sabía que no podía ceder al chantaje de Sara perpetuamente, pero la verdad desataría una tormenta de violencia incontrolable. Al día siguiente, el comedor estaba abarrotado. Desde su mesa, Claudia vio a Blanco sentada en silencio. De repente, Sara se acercó a ella y, con una sonrisa de complicidad, dejó caer la carta sobre la mesa de madera. Blanco frunció el ceño y comenzó a desdoblar el papel. Claudia sintió que el aire le faltaba en los pulmones. Era el momento de la verdad.
”Claudia sintió que el aire le faltaba en los pulmones. Era el momento de la verdad.