Segundas oportunidades · Historia

La alianza oculta tras las rejas que cambió mi destino para siempre

La alianza oculta tras las rejas que cambió mi destino para siempre — Parte 2
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Anteriormente: Elena sobrevivía en prisión manteniendo la cabeza baja, hasta que una agresión planificada la obligó a revelar su verdadera fuerza y un secreto del pasado.

Secretos bajo la sombra del pabellón

La tregua ofrecida por Elena en el patio no fue bien recibida por el sistema invisible que gobernaba la prisión. Esa misma noche, el eco de los pasos de la sargento Mendoza resonó en el pasillo de las celdas. Mendoza era conocida por su crueldad y por manejar los hilos de los negocios ilícitos dentro de los muros. Cuando hizo llamar a Elena a su despacho privado, la atmósfera se volvió glacial. La sargento sonreía con una frialdad que presagiaba lo peor.

—Vaya, parece que la nueva reclusa tiene garras —comentó Mendoza, golpeando rítmicamente su porra contra la mesa—. Pero aquí, las que brillan demasiado suelen apagarse rápido.

Elena mantuvo la compostura, aunque sabía que un paso en falso podría costarle el aislamiento. No quería ser parte de los juegos de poder de la prisión. Sin embargo, las palabras de la sargento revelaron un complot mucho más profundo de lo que jamás imaginó.

La alianza oculta tras las rejas que cambió mi destino para siempre

Mendoza le confesó que el ataque de Sara no había sido un arrebato de ira casual. Alguien desde el exterior, un poderoso empresario vinculado al caso de corrupción por el cual la hermana de Elena había sido falsamente acusada, estaba pagando una cuantiosa suma para asegurar que Elena no saliera con vida de allí. El plan original era que Sara la provocara hasta que ocurriera una desgracia.

Al regresar a su celda, sumida en la desesperación de saberse blanco de una conspiración externa, Elena se encontró con una silueta sentada en la litera inferior. Era Sara. La agresividad de la tarde había desaparecido; en su lugar, sostenía un objeto punzante de fabricación casera, pero sus ojos reflejaban un profundo cansancio y miedo.

—No vengo a pelear, Elena —susurró Sara, mostrando el arma improvisada antes de dejarla caer al suelo—. Vengo a advertirte. Tienen a mi familia amenazada. Si no acababa contigo hoy, mi hermano pagaría las consecuencias afuera. Pero después de que me perdonaras la vida en el patio, no puedo hacerlo. Tenemos que encontrar otra salida antes de que Mendoza actúe.

Tenemos que encontrar otra salida antes de que Mendoza actúe.