Segundas oportunidades · Historia

La anciana que me salvó en prisión ocultaba el secreto más desgarrador de mi pasado

La anciana que me salvó en prisión ocultaba el secreto más desgarrador de mi pasado — Parte 2
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Anteriormente: Jara sobrevivía en el patio de la cárcel defendiéndose de constantes ataques, hasta que una misteriosa anciana intervino, revelando una verdad que cambiaría sus vidas para siempre.

El secreto tras las rejas

Tras pasar tres días de aislamiento en una celda fría por la pelea, Jara fue liberada de nuevo al patio común. Su mente no dejaba de dar vueltas a lo sucedido. ¿Por qué Clara, una anciana que jamás se metía con nadie, la había hecho tropezar para luego defenderla arriesgando su propia vida?

Buscó a la anciana por todos los rincones hasta que la encontró cerca de los talleres de costura, barriendo con la misma parsimonia de siempre. Jara se acercó con cautela, asegurándose de que las cámaras de vigilancia estuvieran apuntando hacia otro lado.

La anciana que me salvó en prisión ocultaba el secreto más desgarrador de mi pasado
—¿Por qué lo hiciste, Clara? —preguntó Jara con voz queda pero exigente—. Me hiciste caer, pero luego me salvaste de Begoña. No entiendo nada.

Clara se detuvo y, por primera vez, miró directamente a los ojos de Jara. Había una profunda tristeza en su mirada cansada, pero también un destello de inmenso alivio.

—Tuve que hacerte caer, hija —susurró Clara con la voz entrecortada—. Begoña no solo tenía el balón. Llevaba un trozo de vidrio afilado oculto en la otra mano. Si no hubieras tropezado, te habría agredido por la espalda en un punto ciego de las cámaras. Te habrían matado, Jara.

Un escalofío recorrió la espalda de Jara. Pero la explicación no bastaba para calmar las dudas de su corazón.

—¿Por qué arriesgarías tu vida por mí? Ni siquiera nos conocemos.

Clara soltó el mango de la escoba y buscó algo en el bolsillo interior de su gastado chaleco. Con manos temblorosas, extrajo una fotografía pequeña y arrugada. Se la entregó a Jara. En la imagen, una mujer joven sostenía con infinito amor a una bebé recién nacida. En el hombro izquierdo de la pequeña, se apreciaba una marca de nacimiento muy peculiar: una mancha oscura en forma de estrella de cinco puntas.

Jara se llevó la mano instintivamente a su propio hombro izquierdo, donde ocultaba exactamente la misma marca. Su respiración se detuvo por completo.

Su respiración se detuvo por completo.