Traición · Historia

La boda que terminó en batalla campal dentro de la catedral por un secreto imperdonable

La boda que terminó en batalla campal dentro de la catedral por un secreto imperdonable — Parte 2
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Anteriormente: Lo que debía ser el día más feliz de Miguel y Samanta en la catedral de Toledo se convirtió en un caos absoluto cuando un secreto destructivo salió a la luz en pleno altar.

El estruendo de la madera rompiéndose al caer Carlos sobre los bancos de la catedral marcó el inicio de una batalla campal. Los invitados se dividieron en facciones instantáneas: los amigos de Miguel se abalanzaron para defenderlo, mientras que la familia de Samanta intentaba agredir a Celia. El cura, horrorizado ante la profanación de su altar, se refugió tras el sagrario mientras llamaba desesperadamente a las autoridades. En medio del tumulto, Miguel se puso en pie, con los nudillos ensangrentados y el corazón destrozado.

La verdad sale a la luz entre escombros

Carlos se levantó del suelo, sujetándose las costillas y escupiendo sangre. Lejos de mostrar arrepentimiento, miró a su hermano con desprecio. La verdad que se ocultaba detrás de esa traición era mucho más retorcida de lo que nadie imaginaba en la catedral.

La boda que terminó en batalla campal dentro de la catedral por un secreto imperdonable
«¿De verdad creías que te amaba, Miguel?», gritó Carlos, provocando que los pocos invitados que intentaban calmar los ánimos se detuvieran en seco. «Samanta solo te quería por la herencia que nuestro abuelo te dejó en exclusiva. Ella y yo planeamos esto desde el principio. El bebé es mío, y una vez que te casaras con ella, buscaríamos el divorcio para quedarnos con todo tu patrimonio.»

Las palabras de Carlos cayeron como una losa de hormigón sobre Miguel. Samanta, aún en el suelo con el vestido de novia desgarrado y manchado de polvo, no negó la acusación; de hecho, miró a Miguel con una sonrisa gélida que confirmaba cada palabra. Ella se levantó lentamente, apoyándose en la barandilla del altar, y se limpió el maquillaje corrido con desdén.

Celia, consternada por la crueldad de su supuesta mejor amiga, se acercó a Miguel y le puso una mano en el hombro. Ella sabía de la codicia de Samanta, pero no imaginaba que su propio hermano fuera cómplice de un plan tan maquiavélico para destruir su vida y despojarlo de su futuro. Justo cuando Samanta y Carlos se disponían a abandonar la iglesia triunfantes, creyendo que el daño ya estaba hecho, el sonido de las sirenas policiales comenzó a resonar fuera del recinto, pero no venían por la pelea.

Justo cuando Samanta y Carlos se disponían a abandonar la iglesia triunfantes, creyendo que el daño ya estaba hecho, el sonido de las sir…