Traición · Ficción breve

La bofetada en el altar que reveló la traición de mi dama de honor

La bofetada en el altar que reveló la traición de mi dama de honor — Parte 1
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El aroma a cera quemada y flores frescas llenaba la majestuosa nave de la Iglesia de San Jerónimo el Real en Madrid. Claudia, vestida con un impecable traje de novia de encaje, miraba a los ojos de su prometido, Lucas, convencida de que estaba a punto de comenzar el capítulo más feliz de su vida. A su lado, Alba, su mejor amiga de la infancia y dama de honor principal, sostenía el ramo con una rigidez inusual. Nadie en la congregación sospechaba que bajo la solemne melodía del órgano se ocultaba una tormenta de traición a punto de estallar.

Una agresión inesperada en el altar

Justo cuando el sacerdote se disponía a bendecir las alianzas, el silencio sagrado del templo se rompió. Alba, con el rostro desencajado y los ojos llenos de una furia incontenible, dio un paso al frente. Sin mediar palabra, lanzó una bofetada violenta dirigida al rostro de Lucas. Sin embargo, el novio, demostrando unos reflejos felinos, se agachó rápidamente. La mano de Alba continuó su trayectoria con una inercia brutal, impactando de lleno en la mejilla de la sorprendida Claudia. El sonido del golpe resonó en las paredes de piedra de la iglesia.

La bofetada en el altar que reveló la traición de mi dama de honor

El caos se desató en un instante. Al ver a su prometida golpeada y tambaleándose, la ira se apoderó de Lucas. Sin pensarlo dos veces, el novio devolvió el golpe con una bofetada seca que hizo retroceder a la dama de honor. Pero no se detuvo ahí. Llevado por la adrenalina y la rabia del momento, Lucas ejecutó una espectacular patada alta que impactó en el pecho de Alba, enviándola directamente contra los bancos de madera tallada de la primera fila. Los invitados soltaron un jadeo colectivo de absoluto horror ante semejante despliegue de violencia física en un lugar sagrado.

«¡¿Pero qué has hecho, Lucas?! ¡Estás loco!», gritó la madre de la novia desde los primeros bancos, mientras varios familiares corrían a separar a los involucrados.

Claudia, sosteniéndose la mejilla enrojecida, miraba la escena sin poder creerlo. El día de sus sueños se había transformado en una pesadilla de acción y violencia en cuestión de segundos.

El día de sus sueños se había transformado en una pesadilla de acción y violencia en cuestión de segundos.