La camarera que desafió a la alta sociedad con una melodía prohibida
Anteriormente: Lucía, una joven vestida de rojo, desafía el desprecio de la élite de Barcelona al sentarse al piano del Gran Hotel. Nadie imagina el secreto que esconde en sus manos.
La melodía del pasado
El silencio en el salón era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Lucía cerró los ojos por un instante, respiró hondo y dejó que sus dedos se deslizaran sobre el marfil. La primera nota resonó con una pureza cristalina que congeló el aire. No era una pieza clásica común; era una melodía cargada de melancolía, fuerza y una belleza desgarradora. Era la composición perdida de su difunto padre, un músico talentoso que había muerto en la pobreza tras ser traicionado por su socio de la juventud.
Al escuchar los primeros acordes, el rostro de Arturo perdió todo su color. Sus manos comenzaron a temblar imperceptiblemente y la copa de cristal que sostenía estuvo a punto de resbalar de sus dedos. Reconocía esa música perfectamente. Era la obra maestra que él mismo había robado y registrado a su nombre hacía veinticinco años, el cimiento sobre el cual había construido toda su fortuna y prestigio en Barcelona.

Dominado por el pánico, Arturo interrumpió la interpretación dando un golpe sobre la madera del piano.
«¡Suficiente! ¡Seguridad, saquen a esta impostora de mi hotel inmediatamente!», gritó con una voz que delataba su desesperación. Los guardias se abrieron paso rápidamente entre los murmullos de los invitados.
Helena se interpuso entre los guardias y su hermana, llorando y rogando clemencia, sabiendo que este escándalo significaría la ruina para ambas. Arturo se acercó a Lucía y le susurró con veneno: «Si vuelves a tocar una sola nota de esa canción, me encargaré de que tú y tu hermana terminen en la cárcel por difamación». La injusticia parecía triunfar una vez más bajo el brillo de los diamantes y el poder de la alta sociedad.
”La injusticia parecía triunfar una vez más bajo el brillo de los diamantes y el poder de la alta sociedad.