La capitana de policía que me salvó de las garras de mi propio prometido
Anteriormente: Tras sobrevivir a un misterioso accidente provocado por su prometido, Sara busca refugio en el hospital, pero el peligro aún acecha entre los pasillos de la clínica.
La conspiración en las sombras
Tras el violento altercado, el silencio volvió a reinar de forma tensa en la habitación de Sara. La capitana Martínez, con la respiración agitada pero manteniendo una postura firme, se aseguró de que los médicos atendieran de inmediato a la aterrorizada joven. Sin embargo, la capitana sabía que no podía bajar la guardia; la audacia de Marcos para entrar a un hospital protegido sugería que tenía aliados poderosos. Martínez decidió salir al pasillo para supervisar personalmente el traslado del detenido a las celdas de máxima seguridad, dejando a Sara bajo la aparente custodia del personal médico.
Fue en ese preciso instante de soledad cuando la verdadera pesadilla comenzó a tejerse en las sombras del hospital. Sara, aún temblando bajo las sábanas, escuchó un susurro proveniente de detrás de la cortina divisoria de la sala. Al agudizar el oído, reconoció la voz de uno de los enfermeros de guardia, el mismo que había facilitado el acceso de Marcos burlando los controles del ala médica.

El primer plan de Marcos ha fallado por culpa de esa maldita policía, pero no te preocupes. Me encargaré de silenciarla ahora mismo. Una dosis letal de potasio en su suero y parecerá un paro cardíaco natural. Nadie sospechará nada.
El corazón de Sara dio un vuelco salvaje. Al mirar a través de la rendija de la cortina, vio al enfermero preparar una jeringuilla con un líquido transparente, con una sonrisa fría que reflejaba una total falta de escrúpulos. Sara comprendió que Marcos no solo quería destruirla por celos, sino que formaba parte de una red de corrupción mucho más grande que involucraba a personal de la propia clínica para borrar las pruebas del fraude financiero que ella había descubierto semanas atrás.
Con el collarín impidiéndole moverse con rapidez y el cuerpo adolorido por las secuelas del accidente de coche, Sara se vio completamente atrapada. El enfermero corrupto deslizó la cortina lentamente, mirándola fijamente a los ojos mientras sostener la aguja mortal. La joven intentó gritar, pero el pánico le cerró la garganta por completo.
”La joven intentó gritar, pero el pánico le cerró la garganta por completo.