La huérfana que humilló al soldado más arrogante con un solo disparo
Anteriormente: Ainhoa soportó las burlas de todo el batallón por ser mujer y llevar un arma rota, pero cuando el General Torres vio su puntería y una vieja placa, el pasado resucitó.
Secretos bajo llave
Ainhoa contempló la placa de metal. Sus dedos acariciaron el nombre grabado en el acero frío: Sargento Manuel Olmedo. Era el nombre de su padre, el hombre que la había entrenado en los bosques del norte antes de desaparecer misteriosamente cuando ella era solo una niña. Sin mediar palabra, el General Torres la guió rápidamente hacia su despacho privado, dejando atrás a un Blas completamente atónito y humillado.
Una vez dentro del despacho, rodeados de mapas tácticos y archivadores confidenciales, el general cerró la puerta con llave y se volvió hacia ella, visiblemente afectado por la emoción.

—Tu padre fue mi compañero en Bosnia —confesó Torres, sentándose tras su escritorio—. Él me salvó la vida en una emboscada y pagó un precio muy alto por ello. Desapareció para protegernos a todos, pero siempre me dejó una promesa: que un día, su mejor alumna vendría a buscarme utilizando su técnica de tiro única.
Ainhoa sintió que las lágrimas amenazaban con brotar, pero se mantuvo firme. Sabía que la desaparición de su padre no había sido un simple acto de retirada voluntaria. Había algo mucho más oscuro detrás.
—Mi padre no huyó, general —dijo Ainhoa con firmeza—. Alguien dentro de esta base lo traicionó para ocultar un cargamento de armas desviado durante la guerra. Y tengo las pruebas.
Antes de que el general pudiera responder, la pesada puerta de madera del despacho se abrió de golpe. El Coronel Mendoza, el oficial de mayor rango de la base, entró con paso firme y una mirada cargada de hostilidad. Su presencia heló el ambiente al instante.
—General Torres, exijo saber qué hace esta civil en su oficina y por qué está manejando información clasificada —bramó el coronel, clavando sus ojos en la carpeta que Ainhoa sostenía—. Si esta chica sigue husmeando donde no debe, terminará exactamente igual que su padre.
”Si esta chica sigue husmeando donde no debe, terminará exactamente igual que su padre.