Venganza · Historia

La injusticia me arrastró a prisión, pero allí descubrí quién era mi verdadero enemigo

La injusticia me arrastró a prisión, pero allí descubrí quién era mi verdadero enemigo — Parte 2
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Anteriormente: Tara pensó que su vida había terminado al cruzar las puertas de la cárcel por un delito que no cometió. Sin embargo, el patio de la prisión se convirtió en el escenario de su redención.

La sombra del pasado

La victoria en el patio le otorgó a Tara un estatus de respeto temporal, pero en prisión, la calma es un lujo que no dura. A la mañana siguiente, el chirrido de las puertas del pabellón anunció la llegada de un nuevo traslado. Cuando la silueta de la recién llegada se recortó contra la luz del pasillo, el mundo de Tara se derrumbó por segunda vez. Era Elena.

Elena, su antigua socia y la persona que la había incriminado falsamente para quedarse con todo el dinero de la empresa, caminaba por el pasillo central. No vestía ropas de diseñador, sino el uniforme de reclusa, pero su actitud distaba mucho de la de una mujer derrotada. Al pasar junto a la celda de Tara, Elena se detuvo y le dedicó una sonrisa gélida.

La injusticia me arrastró a prisión, pero allí descubrí quién era mi verdadero enemigo
—¿Pensabas que te librarías de mí tan fácilmente, Tara? Esto no ha hecho más que empezar —susurró con veneno antes de seguir su camino.

Pronto quedó claro que el encarcelamiento de Elena no era un accidente, sino parte de un plan desesperado para silenciar a Tara antes de que su apelación prosperara. Elena había utilizado sus millones ocultos para sobornar a varios guardias y comprar la lealtad de la facción más violenta de la cárcel.

Durante la hora del almuerzo, el comedor se convirtió en una olla a presión. Tara observó cómo Elena se sentaba junto a Carla, la reclusa a la que había derrotado el día anterior. Con total impunidad, Elena deslizó un objeto punzante y un fajo de billetes hacia Carla. La venganza y el dinero se habían aliado.

Carla se puso en pie, empuñando una cuchara de metal afilada como un estilete. Con paso firme y rodeada por un séquito de internas que bloqueaban la visión de las cámaras de seguridad, se dirigió directamente hacia la mesa de Tara. El silencio se apoderó del comedor mientras el peligro se cernía sobre ella.

El silencio se apoderó del comedor mientras el peligro se cernía sobre ella.