La injusticia que me llevó a prisión y la inesperada aliada entre rejas
Anteriormente: Sandra sobrevive al infierno de la cárcel tras ser traicionada por su propia familia, pero una agresión en el patio desata una verdad oculta que cambiará su destino para siempre.
Una alianza forjada en la traición
El altercado en el patio le costó a ambas una noche en las celdas de aislamiento, pero el destino tenía un plan trazado entre aquellos muros de piedra. Al día siguiente, durante el breve rancho del almuerzo, Marta logró sentarse frente a Sandra bajo la mirada recelosa de los guardias. Lo que Sandra escuchó de su salvadora le heló la sangre en las venas.
No te defendí por casualidad, Sandra. Tu hermana Valeria también me destrozó la vida a mí hace cinco años. Me tendió la misma trampa y perdí a mi familia por su culpa. —confesó Marta con una voz cargada de un dolor antiguo y contenido.
La revelación unió a las dos mujeres en un pacto silencioso de supervivencia y justicia. Sin embargo, el peligro no había desaparecido. Beatriz, humillada públicamente ante todo el patio, no iba a dejar pasar la afrenta. Desde el otro extremo del comedor, la mirada de Beatriz prometía una venganza sangrienta que no tardaría en llegar.

La situación se volvió crítica al caer la noche. El jefe de servicio nocturno, un funcionario corrupto que recibía generosos pagos mensuales desde el exterior por parte de la impune Valeria, ordenó el traslado inmediato de Marta a otro módulo incomunicado, dejando a Sandra completamente desprotegida en su celda del módulo tres.
A las tres de la madrugada, cuando el silencio de la prisión era sepulcral, Sandra escuchó el inconfundible sonido de unos pasos sigilosos que se aproximaban a su celda. Segundos después, la cerradura electrónica hizo un chasquido sordo y la pesada puerta de metal comenzó a abrirse lentamente en la penumbra de la noche.
”Segundos después, la cerradura electrónica hizo un chasquido sordo y la pesada puerta de metal comenzó a abrirse lentamente en la penumbr…