Secretos de familia · Historia

La marca en el chaleco de un motero que me salvó de un terrible impostor

La marca en el chaleco de un motero que me salvó de un terrible impostor — Parte 2
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Anteriormente: Huyendo de un hombre peligroso que afirmaba ser su padre, Mara encuentra refugio en una cafetería de carretera gracias a un misterioso motero que guardaba un juramento del pasado de su madre.

El nombre de Rosa golpeó a Jairo como un mazo. Sus ojos, antes fríos y distantes, se encendieron con una mezcla de dolor y furia. Jairo conocía perfectamente a Rosa; había sido el gran amor de su juventud y la mujer a la que juró proteger antes de que el destino los separara por la fuerza del clan familiar de ella. Ver a la hija de Rosa allí, desamparada y aterrorizada, despertó en él un instinto protector indomable.

El enfrentamiento

Darío llegó hasta la mesa con una sonrisa cínica, pero sus ojos denotaban una profunda hostilidad. Su mano derecha permanecía oculta bajo su chaqueta de pana marrón, acariciando visiblemente la empuñadura de un arma de fuego.

La marca en el chaleco de un motero que me salvó de un terrible impostor
«La niña se viene conmigo. No querrás que este sitio tan tranquilo se llene de problemas, motero», siseó Darío con tono amenazante.

Jairo comenzó a levantarse lentamente de la cabina de cuero. Su imponente altura de casi dos metros obligó a Darío a dar un paso atrás.

—No sé quién eres ni qué mentiras le has contado a la hija de Rosa, pero hoy no vas a tocarla —declaró Jairo, su voz resonando en las paredes de la cafetería.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando la puerta del local se abrió ruidosamente. Dos hombres corpulentos, cómplices de Darío que esperaban en el exterior, entraron con paso rápido, bloqueando la única salida de emergencia del local. El camarero, un hombre mayor acostumbrado a las disputas de carretera, se agachó de inmediato detrás de la barra metálica, presintiendo la inminente violencia. Mara se encogió detrás de la enorme espalda de Jairo, sintiendo que su vida pendía de un hilo finísimo.

Mara se encogió detrás de la enorme espalda de Jairo, sintiendo que su vida pendía de un hilo finísimo.