Segundas oportunidades · Ficción breve

La millonaria que regresó al humilde puesto de comida para saldar una vieja deuda

La millonaria que regresó al humilde puesto de comida para saldar una vieja deuda — Parte 2
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Anteriormente: Aitana pasó años recordando la generosidad de Dora, la mujer que alimentó sus peores días de infancia. Al regresar convertida en una mujer de éxito, descubrió que su salvadora corría un grave peligro.

La codicia toca a la puerta

Al principio, Dora observó a la distinguida dama con timidez, sin comprender qué buscaba una mujer tan adinerada en su humilde rincón de la ciudad. Sin embargo, al escuchar aquella frase y mirar profundamente los ojos de la visitante, los recuerdos inundaron su mente. Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de la anciana al reconocer a la pequeña huérfana a la que una vez alimentó.

El emotivo reencuentro, sin embargo, se vio bruscamente empañado por la llegada de dos hombres corpulentos vestidos con trajes oscuros y expresiones sombrías. Eran cobradores de una despiadada constructora local que pretendía demoler todo el barrio para construir apartamentos de lujo. Con una actitud sumamente agresiva, uno de ellos golpeó el mostrador del puesto de Dora.

La millonaria que regresó al humilde puesto de comida para saldar una vieja deuda
Se te acabó el plazo, anciana. O nos entregas los cincuenta mil euros que debes por la hipoteca del terreno, o tu puesto y tu casa serán embargados hoy mismo.

Dora comenzó a temblar, explicando con voz entrecortada que su salud no le había permitido trabajar lo suficiente para reunir la suma. Ante los empujones y las amenazas de los cobradores, Aitana intervino de inmediato, colocándose firmemente delante de Dora.

¡No vuelvan a ponerle una mano encima! Cincuenta mil euros no son nada para mí. Les firmaré un cheque ahora mismo a cambio de que dejen en paz a esta mujer para siempre.

Los hombres sonrieron con arrogancia, creyendo que habían ganado la partida. El líder sacó los documentos de embargo de su maletín para que Aitana realizara la transacción. Sin embargo, antes de que la empresaria estampara su firma, el teléfono del cobrador comenzó a sonar con insistencia. Al responder, la voz enérgica de su director general al otro lado de la línea lo hizo palidecer por completo. El jefe, tras enterarse del nombre de la mujer que intentaba pagar la deuda, gritó despavorido que detuvieran todo de inmediato.

El jefe, tras enterarse del nombre de la mujer que intentaba pagar la deuda, gritó despavorido que detuvieran todo de inmediato.