El día que unos rudos moteros salvaron a una niña indefensa bajo la lluvia
Anteriormente: Una niña empapada y asustada aparece de la nada en una cafetería de carretera. Cuando un grupo de rudos moteros la ignora y se marcha, la verdadera historia de su huida apenas comienza.
El peligro acecha en la sombra
Fuera de la cafetería, un todoterreno negro permanecía aparcado con el motor en marcha. Dos hombres con mala cara vigilaban la entrada. Martín y sus hermanos no dudaron. Rodeando el vehículo, Juan el Grande abrió la puerta del copiloto de un tirón y neutralizó al primer hombre, mientras Martín acorralaba al conductor contra el volante.
Aterrado, el conductor confesó rápidamente. La niña se llamaba Lucía y se había escapado de la finca de Don Alejandro, el terrateniente más poderoso y temido de la comarca. Don Alejandro les había pagado para capturarla antes de que revelara el terrible secreto que guardaba: la verdad sobre la repentina desaparición de su madre.

Martín regresó de inmediato al interior de la cafetería. Se arrodilló ante la temblorosa niña y le ofreció su mano áspera con una ternura inesperada.
—Pequeña, ven con nosotros. Nadie te hará daño —le prometió.
La niña lo miró fijamente y, confiando en el rudo motero, colocó su pequeña mano sobre la suya. Martín la subió a su motocicleta, cubriéndola con su pesada chaqueta de cuero, y el grupo emprendió la huida bajo la tormenta.
Sin embargo, la libertad duró poco. Apenas diez kilómetros más adelante, en un estrecho puente sobre el río, tres patrullas de policía les cortaron el paso. Al frente del bloqueo, protegido por un paraguas, se encontraba Don Alejandro con una sonrisa triunfal. Los agentes apuntaron sus armas directamente a los moteros.
—Entregad a la niña ahora mismo o abriremos fuego por secuestro —bramó el comisario corrupto a través del megáfono.
Atrapados, superados en número y con las armas apuntándoles, Martín sintió cómo Lucía se aferraba con fuerza a su espalda. Juan el Grande colocó la mano en su acelerador, dispuesto a embestir el bloqueo, sabiendo que aquello podría terminar en una masacre.
”Juan el Grande colocó la mano en su acelerador, dispuesto a embestir el bloqueo, sabiendo que aquello podría terminar en una masacre.